martes, 16 de octubre de 2012

Tormentas...



Era la tarde pesada
pero ya del sur venía
una ancha faja sombría
como tropa disparada...
El ave en su retirada
puso trágicos los montes;
en diabólicos aprontes
todo pájaro fugó,
y la neblina envolvió
con humo los horizontes.

Una procesión de guampas
bravías, viose a lo lejos,
ya en los últimos reflejos
del sol hundido en las pampas.
De los postes en las grampas
crujió el hilo silbador,
y en tono de "re menor"
por los campos desolados
gimieron los alambrados
su prisionero dolor...

Mi noble pingo sufrido
-que en el peligro se encela-
marchaba bajo la espuela
en la rienda sostenido.
Mas de repente un bramido
tremendo y largo se oyó...
el alazán vaciló
y allá por la lejanía
el chajá con gran porfía,
su grave alerta gritó.

Ya se borraba la huella
y el alma, desencantada,
como la noche nublada
iba triste sin su estrella...
Dolor, que me hiciste mella:
en tu gran melancolía
flota aquella pena mía
que silencioso guardé,
por el amor que se fue
y no ha vuelto todavía...

Vieja casa solariega
cuya gran tragedia narra
la descendencia bizarra
¡del payador Santos Vega!;
trsite a tus puertas hoy llega
el eco de mi canción,
como una lamentación
de los que bajo tu alero
vieron morir el lucero
de la gaucha tradición.

Yo vengo como un zorzal
que busca el antiguo nido
que en el ramaje florido
dejó cerca del juncal;
como en la siesta estival
buscan las aves frescor,
como busca el payador
en su "prenda", amor ardiente,
y como busca vehemente
la mariposa a la flor...

Pero ya no encuentro nada
del recuerdo que dejaron
esos gauchos que habitaron
en tu soledad callada.
Baluarte, en fiera jornada,
en la lucha nacional,
fuiste; y al choque fatal
de los bélicos pamperos,
se agacharon tus aleros
y te arrasó el vendaval.

Entonces enmudeció,
como protesta altanera,
la guitarra lastimera
que Martín Fierro templó.
Hasta el matrero lloró
sobre tus míseras ruinas,
y murieron tus glicinas
y tus cantos de zorzal
en la tristeza otoñal
de las tardes argentinas...

Ya vienen en procesión,
para imponerte sus yugos,
los que serán tus verdugos:
esos de la inmigración...
Esos que, sin compasión,
te darán golpe mortal,
y en la fiebre tropical
de sus pasiones mezquinas,
han de alzar sobre tus ruinas
algún palacio ducal...