domingo, 21 de octubre de 2012

Bastos viejos

(Foto de Mercado Libre: se venden estos bastos antiguos en Bolívar!) ¡No recibo comisión!
 
Mientras limpiaba el galpón
hallé un viejo par de bastos
entre guascas y otros trastos
que hacían bulto en un rincón,
los miré con atención
y en mi mente, como un tajo
se abrió el recuerdo, y me trajo
vivencias que transcurrieron
en tiempos, que parte fueron
del recado de trabajo.

Allí estaban, desgastados,
envueltos en telarañas
lejos de aquellas campañas
sobre pingos ensillados;
llegaron a mi ya usados
junto a una matra liviana;
cierta lluviosa mañana
el relleno les saqué…
y blanditos los dejé
cambiando el unco por lana.

Aguantaron sacudones
de algún potro bellaqueando
cuando sobre ellos domando
ganaba mis patacones;
chatos, por los apretones
en más de una revolcada,
cómplices en la “charqueada”
y en crudos de cualquier pelo
castigaron contra el suelo
tras una bruta boleada.

Igual que muchos reseros
sobre ellos anduve leguas
arriando vacas o yeguas
por diferentes senderos,
soportaron aguaceros
debajo del encerado,
y de almohada los he usado
en cualquier sitio que fuera,
puestos en mi cabecera
si dormí sobre el recado.

Pensar que sobre un arisco
se arqueaba esta pilcha gaucha
y hoy, soporta de una laucha
el insolente mordisco;
más que el dolor del pellizco
pienso debe de sufrir
el no poder compartir
con su antigua compañera…
aquella fuerte encimera
con quien supo convivir.

¡Tantos golpes y rodadas
sufrieron mis pobres bastos!
y han alzado barro y pasto
junto a mi en las costaladas;
como otras pilchas gastadas,
que usé siendo un mocetón
aunque hoy un estorbo son
junto al dueño, envejeciendo,
siempre seguirán teniendo
su lugar… en el galpón.