miércoles, 17 de octubre de 2012

Gaucha del atardacer...



Echada en el redil de mi existencia
la oveja negra de mi suerte está;
guasquéala con fría indiferencia
el viento rudo que pasando va.

En medio del silencio de la pampa
se oye a la soledad decir: "¡chajá!..."

En el palenque, tironeando, fiero,
al ágil pingo de mi ayer se ve.
Pingo que me ganó mucho dinero
cuando en la cancha lo corrí con fe.

Hoy en el cuesta arriba de los años
¡cuánto añoro aquél pingo que se fué!

El buey de mi paciencia aró mil leguas
y del cansancio el sinsabor probó.
No tuvo, en medio a su martirio, treguas;
sábelo el cielo, el pájaro lo vió.

Hoy frente a la riqueza de los campos
yo le pregunto para quién aró...

Colmenar de mis ansias que has volado
a la reina, siguiendo, del azar:
si un día de volar te hallas cansado,
vuelve de nuevo; te daré lugar.

Yo soy un árbol de frondosas ramas
que tiene el buen destino de amparar.

Agua del tajamar de los pesares
el pájaro bebió, que llevo en mí...
Se agotaron también los tajamares...
Las lágrimas entonces me bebí.

¡Vida gaucha y heroica, vida bárbara,
como la espuela al potro estoy con ti!

Llega el atardecer... Viene el ocaso...
Por los caminos lloviznando está...
La noble vaca, con ritmado paso,
llamando al hijo hacia el establo va.

Y en medio del silencio de la pampa
se oye a la soledad decir: "¡Chajá!..."