lunes, 15 de octubre de 2012

¡Pucha!... Si no vale nada


 (Pintura: Eleodoro Marenco)
 
¡Oigalé al duro, paisanos!
háganme el bien de escuchar,
que aquí vengo a retozar
entre puros orejanos;
puros criollazos serranos
a que nunca quemó el fierro,
pero que oyendo el cencerro
que a los crioyos convoca,
en la vida dan la popa
¡pues son fieles como perro!

Quiero hablar de nuestras cosas,
de lo que hay en nuestra tierra,
de lo que vive y se encierra
en sus praderas hermosas;
de sus ríos, de sus chozas,
de sus sierras escarpadas,
de sus selvas dilatadas,
sus arroyos y sus flores,
de sus pájaros cantores
y sus brisas perfumadas.

De lo que al gaucho fascina,
lo subyuga y enamora;
su guitarra gemidora
y el caballo que arrocina;
de su rancho y de su china,
sus lecheras, su majada;
de una existencia pasada
a la orilla del fogón,
de toda una tradición
¡Pucha...! si no vale nada.

Cuando un potro se hace ovillo,
y el gaucho sale parao,
cuando muentra un reservao
que hace crugir el lomillo;
cuando sobre el cojinillo
se queda como pegada
la osamenta disgraciada
de ese gaucho en la ocasión;
toda es es conversación...
¡Pucha! si no vale nada.

Cuando en alas del deseo
volando su pensamiento,
pulsa el gaucho su instrumento
en sus horas de recreo,
hace un breve bordoneo
y con la voz entonada
se trenza en una payada
dando gausca a la petisa,
sobre temas que improvisa...
¡Pucha! si no vale nada.

Y cuando a batirse llega
porque motivos le dan,
y lucha como un titán
mano a mano en la refriega;
cuando al tigre en la masiega
va a chumbarle la perrada,
y con el arma montada
se le acerca paso a paso
y lo mata de un balazo...
¡Pucha! si no vale nada.

Cuando nubes de tisú
van cruzando por el cielo,
y canta el gaucho su duelo
como el triste urutaú;
y el ranchito y el ombú
se ven allá en la lomda,
y hay rumores de cascada
entre la selva vecina
donde la calandria trina...
¡Pucha! si no vale nada.

Y cuando despunta el día
y se cubre el horizonte
con rojos tintes que al monte
le dan vida y poesía,
y el gaucho con alegría
despuntando la cañada,
una décima silbada
va entonándole a su prenda,
mientras repunta la hacienda...
¡Pucha! si no vale nada.

Desata el sol en la esfera
y relincha el potro errante
su gran melena flotante,
emprendiendo la carrera;
por el llano y la ladera
se esparrama la majada,
la lechiguana colgada
en el árbol se cimbrea,
y eso que al alma recrea...
¡Pucha! si no vale nada.

Entre tanto, bajo el techo
del ranchito de totora
con la china que lo adora
vive el gaucho satisfecho;
y se ve de trecho en trecho
a la huerta cultivada,
a la carreta toldada,
al hornito donde amasa,
y otras cosas de la casa...
¡Pucha! si no vale nada.

¡Oiganlé al duro, paisanos!
dejenmé desensillar,
que aquí vengo a retozar
¡entre puros campechanos"
Criollazo hasta los tuétanos
soy, y al serlo tengo a gala,
soy retobao pa la bala,
correntón en la chacota,
y uso de potro la bota
y el chiripá a la orientala.

Tirador uso y facón,
para guardar el dinero
y por si algún pendenciero
me provoca sin razón.
¡Vengan, dénle un apretón
a este viejo del retrato,
que aunque le han metido gato
por liebre en el parecido,
es siempre el viejo curtido
que llaman Calisto el Ñato!