martes, 16 de octubre de 2012

El viejo rancho



Vuelvo a verte, viejo rancho,
el de los años primeros,
con mi cariño sincero
y mi devoción de gaucho.
Vaya pa vos el más ancho
aprecio que hayas sentido,
si a tu recuerdo prendido
está el de mi santa madre,
la almiración a mi padre
y el de mis años floridos.

Azotao por mil pamperos
como potros desbocaos,
con valor has aguantao
sol, heladas y aguaceros.
Pero te has mostrado entero
fiel en tu ley de cobijo,
aguantando siempre fijo
a la tempestad que cuadre:
porque sos como la madre
cuando defiende a sus hijos.

¡Cuántas escenas vivientes
evoco aquí al contemplarte,
como que de un mundo aparte
mi alma las vive y las siente.
No te encuentro diferente,
pa'mi siempre estás igual
aunque por la ley fatal
en que todo se envejece,
más te miro y me parece
que vas a ser inmortal.

Y pa que más gaucho fuera
diviso desde tu alero
el nido que alzó un hornero
en la saliente cumbrera,
cuando la noche afuera
tiende su negro crespón
y allá del lao del galpón
el silencio va quebrando
un grillo que está mostrando
la guardia con su canción.

Rompe la monotonía
desde el solitario tala,
de un chingolito la escala
anunciando el otro día.
Con su nota de alegría,
mi pensamiento despierta
y allá en la pampa desierta
y al ver lo que en mi alma pasa,
siento que mi gaucha raza
todavía no está muerta.