lunes, 8 de octubre de 2012

La siesta



El ofidio se enrosca
bajo el toldo amarillo de la retama,
zumba la mosca
y la flor de los ceibos cuelga en la rama.

Bajo el sol de febrero todo se enerva;
la cigarra tan solo canta en la hierba;
a la sombra del monte yacen las reses;
hay abejas dormidas sobre las mieses;
ya el griterío
de las aves zancudas cesó en el río.

La lechuza en los cercos está parada;
los chingolos ocultos en la enramada;
en los sauces sedientos de las riberas,
sus colores ovillan las gusaneras.
Todo mustio se inclina,
todo es sosiego,
y los pastos calcina
lluvia de fuego.

El ofidio se enrosca
bajo el toldo amarillo de la retama,
zumba la mosca
y la flor de los ceibos cuelga en la rama.

Elaboran los flancos de las colinas,
con flotantes vapores, tenues cortinas;
el granado destila rojos rubíes
y se cubren de cera los camoatíes.
Todo está en calma:
el zorzal en el nido y éste en la palma.

El ombú solitario de la cuchilla
mueve apenas su extraña flor amarilla;
el plumón de los cardos seca el bochorno;
es la tierra una fragua y el cielo un horno.
¡Todo mustio se inclina,
todo es sosiego,
y los pastos calcina
lluvia de fuego!

El ofidio se enrosca
bajo el toldo amarillo de la retama,
zumba la mosca
y la flor de los ceibos cuelga en la rama.

Sobre el rancho que, alegre, de trovas llena
una linda paisana de tez morena,
sólo el rancho barroso, cercano al río,
no hace siesta en las tardes del rubio estío.
Que en su ventana,
un galán dice amores
a la paisana.

Y a veces, cuando todo dormita y sueña,
el ombú de la loma, la flor isleña,
en el monte las cintas de hiedra y parra,
se percibe el rasgueo de una guitarra
cuyo canto solloza
de orgullo y gozo,
si le dice la moza
-"Te quiero"- al mozo.

 El ofidio se enrosca
bajo el toldo amarillo de la retama,
zumba la mosca
y la flor de los ceibos cuelga en la rama.


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