martes, 13 de noviembre de 2012

Santiago Ramón Cabral



Santiago Ramón Cabral
¡era mi mejor amigo!
las viejas calles del pueblo
nos vieron desde muy chicos,
corazón con corazón
y espíritu con espíritu.

Los médanos, el pinar
y las orillas del río
escuchaban los coloquios
de nuestros secretos íntimos.
Los juguetes de Santiago,
eran los juguetes míos.

¡Jamás comía una manzana
sin compartirla conmigo!,
Todo era mita y mita,
excepto nuestro cariño
que lo dábamos entero
como lo dan los amigos.

Nos gustaba ir a la playa
a beber sol y mariscos,
y a contemplar el suicidio
de las olas vagabundas
que al golpear sobre los riscos
blanca mortaja de espuma
partían con sus cuchillos.

Santiago Ramón Cabral
nació en un hogar muy rico,
de acaudalada familia
dueña de un noble apellido,
los que con justa razón
impusieron que aquél hijo
tuviese más fe en el estudio
y más amor a los libros.
Condición indispensable
para la obtención de un título.

Pero a Santiago y a mí
nos tiraba el ancho río,
la voz cansada del viento,
el murmullo de los pinos,
y ese cántico celeste
que viene del infinito...
y que escuchan los poetas,
los poetas por instinto,
no los poetas que se hacen
bajo el rigor de los libros.

Santiago Ramón Cabral
¡era mi mejor amigo!
lo confirmé aquella tarde
cuando llorando me dijo
que se iba a la capital
a cumplir con su destino,
por ley y por tradición
de su honorable apellido.

El día que se marchó
le fui a pedir al camino,
que no llevase muy lejos
los sueños de aquél amigo...
El camino envejeció
por el polvo del olvido,
yo también envejecí
porque entre yo y el camino
quisimos vencer al tiempo
y el tiempo... nos ha vencido.

Santiago Ramón Cabral
volvió al pueblo con un título,
"Magistrado de la Ley,
Juez de Crímen y Castigo"
y fue por aquél entonces,
como cosa de capricho,
sin quererlo me ví envuelto
en las sombras de un delito,
por una mala mujer
que traicionó mi cariño...
De la noche a la mañana
me convertí en asesino.

Santiago Ramón Cabral
era el Juez en ejercicio,
y aun me queman en el alma
las palabras que él me dijo,
al leerme la sentencia
y dictar su veredicto:
-"Yo, Juez en primera instancia,
letrado de éste distrito,
visto los antecedentes
y escuchado a los testigos,
por el Código Penal
y de acuerdo a sus artículos,
condeno al reo culpable
a diez años de presidio".

Santiago Ramón Cabral,
el mejor amigo mío,
que no comía una manzana
sin compartirla conmigo,
fue el que leyó mi sentencia
pero lo que no me dijo
fue lo que no estaba escrito:
(Yo como hombre te perdono,
y como Juez te castigo).

Cumplí mi horrible condena
y al salir de aquél martirio,
Santiago Ramón Cabral
me esperaba en el camino.
Y fue nuestro abrazo hondo
tan puro, sincero e íntimo
que rompimos a llorar
como cuando éramos niños,
y unidos por el dolor
volvimos a ser los mismos
en esas calles del pueblo
que nos vieran desde chicos...
¡corazón con corazón
y espíritu con espíritu!