viernes, 23 de noviembre de 2012

Medio al descuido



Señores, vengo de afuera
con la sola pretensión
de hacer rueda en el fogón
entre la gente pueblera.
Sobao como tabaquera
y aligerao, por supuesto
traigo además de lo puesto
mi mente bien despejada,
una guitarra encordada
y seis cuerdas de repuesto.

Sé que el gauchaje cantor
tiene mentas en el pago,
donde han conquistado halago
desparramando primor.
Yo vengo a cantarles "flor"
con cartas del mismo "palo",
y sin alardes de malo
pero con resto y con rollo
aquí les cae este criollo
como peludo'e regalo.

Del gaucho fogón soy brasa,
y aunque alguno más comente
soy el más fiel exponente
de la virtud de una raza.
Quien me juzgue por la traza
se puede llevar un chasco,
y así porfiando, a lo vasco,
sabrá el que mi cuenta sume
que pa apreciar el perfume
hay que destapar el frasco.

Chingolo que ando en los talas
hago mi nido en el suelo,
cuando quiero alzar el vuelo
yo sé lo que dan mis alas.
A las avispas más malas
les revuelvo el avispero,
y ansioso de un entrevero
aunque estoy en pago ajeno
el que tenga un gallo bueno
que me lo heche al reñidero.

Hablé un poquito de más
como cumpliendo un capricho,
pero lo dicho, está dicho,
y no me vuelvo pa atrás.
No me entregaré jamás
ni me llamaré a sosiego,
y si a mi placer me entrego
como en épocas pasadas
me gustan más las trenzadas
si entre tauras anda el juego.

Si al pingo galopiador
veinte leguas no lo aplastan,
muy pocas palabras bastan
para el buen entendedor.
En las llamas del rigor
es muy lindo chamuscarse,
y si alguien quiere enojarse
molesto por mi expresión,
si le causa "picazón"
ya puede entrar a rascarse.