jueves, 4 de julio de 2013

La captura de Pincén



-"Si quiere Villegas que venga a buscarme",
era la soberbia que hablaba por él,
después contrariado quedó pensativo
vagando sin rumbo el viejo Pincén.

Una tarde al zaino le tiró una matra
lo enfrenó y calzándole al codillo el pie,
con setenta inviernos lo montó y al tranco
enancando un hijo se marchó a esconder.

Esto fue en los montes de Potrillo Oscuro
en un escondite de esa región,
sobre las orillas de unos montes viejos
para estar seguro allí se quedó.

Se decía: "El Villegas es bastante 'toro'
muy capaz que venga a buscarme hoy",
por eso a su pingo con la estaca pampa
justo frente al toldo pastando dejó.

A la medianoche había hecho un sueño
y salió del toldo a ver como está,
el zaino que estaba aparentemente
un tanto intranquilo y dele "orejear".

Contemplando al pingo se quedó el cacique
cavilando dijo, -"El huinca está acá",
y se lamentaba que su toldería
no estaba completa para ir a pelear.

Todos sus guerreros andaban dispersos
sus capitanejos muy lejos también,
a Nahuel Payún lo tenía a tres leguas
y a una legua y media a Pichi Pincén.

No quería el cacique reunir a sus hombres
porque era entregarlos a una muerte cruel,
ya hacía más de un año que el mismo Villegas
en un desparramo mató como cien.

El día sentado pasó junto al pingo
hasta que de pronto al anochecer,
la cabeza el zaino fijaba al naciente.
-"¡Seguro es Villegas!", se decía Pincén.

Llegaba a buscarlo, marchaba de noche
de día por los montes escondíanse,
de pronto estampidos de los "remintones"
entre gritos de indios mezclado al tropel.

Entre la impotencia montó su caballo
enancando al niño, se llegó hacia el
fuego, que rodeaba a su toldería
deseando que alguno lo pudiese ver.

Y cuando lo vieron los milicos todos
en ardua carrera salieron tras él.
Sofrenando el pingo disparó dos leguas
rumbeando hacia el lado de Fota Lauquén.

Aflojando luego las riendas el pampa
se perdió de vista pero divisó,
que había otra fuerza que venía de frente
se apea y al zaino lo desenfrenó.

Y dándole un chirlo para que galope
y el pingo mosqueando al trote salió,
al notar que a todos los ha confundido
allí donde estaba, allí se quedó.

El soldado Pita traía un perro negro
que iba en la columna del cabo TGalván,
y entre los penachos de unas cortaderas
husmeando en las matas se puso a ladrar.

Gruñía crispado erizando el lomo
el soldado dijo: "hay un tigre acá",
y el cabo le apunta con la carabina
montando el gatillo dispuesto a matar.

Por ahí se levanta de entre las plantas
la figura esbelta del cacique aquél,
y el mayor del grupo le grita al baquiano
que le diga pronto el viejo quién es.

Y el pampa que iba haciendo de guía
quedó casi mudo al verlo también,
pronunciando el nombre casi entrecortado
todo sorprendido decía: "Pincén!".

Del tiempo de Alsina lo andaban buscando
el gobierno a muchos caciques compró,
pero no han podido a Pincén convencerlo
su lealtad latía en su corazón.

Y se lo llevaron a Martín García
donde una condena el gobierno le dió;
al más argentino de todos los pampas,
al más atrevido de nuestra Nación.