martes, 7 de junio de 2011

El resero

(Pintura: Fernando Romero Carranza)
El chambergo requintao,
una blusita cortona,
bombacha, botas, lloronas…
y ancho tirador platiao;
el facón atravesao
en la cintura le brilla,
y prendido a una presilla
que l‘hizo algún trenzador
sujetao al tirador
lleva el mate y la bombilla.

No le falta en el recao
pa’ los vicios la maleta,
la llave de torniqueta
y un lazo ‘e cuatro trenzao,
poncho ‘e paño, un encerao,
güenas matras y carona,
una botita “Pamplona”
que en cada boliche se hincha
y colgando de la cincha
la pavita barrigona.

No hay estancia en la comarca
qu’en su tranquear no conozca:
“La Golondrina”, “La Tosca”…
“La Malacara” o “La Zarca”.
Señales, pelos y marca
conoce hasta la “planchada”
y no ha de haber alborada
que no haiga visto asomar,
ni güella por donde andar
qu’él no sepa la cortada.

Con los ponchos por delante
empujando “el cola fina”
dibuja una serpentina
en el camino ondulante
con la tropa que distante
desfila por la gramilla
puntea una yegua rosilla,
y seis sumidos charcones
van tirando mordiscones
a las pajas de la orilla.

Entre un grito y un silbido
taloneando su constancia,
se va hundiendo en la distancia
entre el rumbo del balido.
Responsable y precavido,
guardián de ajena fortuna,
pa’ que no le falte alguna
de las vacas pa’ entregar,
de noche sabe rondar
y marcha al salir la luna.

Si el temporal desatao
lo sorprende en plena marcha
y sobre el barro o escarcha
no puede tender recao…
Tantas d’esas ha pasao!
que no v’a ser la primera;
si hallándose campo ajuera,
sobre la cruz de su bayo
supo dormir de acaballo
afirmao a la estribera.

Su suerte es estar llegando
pero nunca pa’ quedarse:
a veces suele olvidarse
qu’el rancho lo está llamando;
se acerca de vez en cuando
pa’ no perder la costumbre
con el último vislumbre
del sol que acaba d’entrar
y se tiene que ausentar
antes qu’el lucero alumbre.

Apenas cambia de ropa,
ensilla y güelve a salir,
prometió que va a cumplir
con el dueño de otra tropa;
pa’ ganar tiempo galopa
sin aflojar un momento,
bajo la lluvia y el viento
cruza por bañaos y esteros.
Por algo allá en “Mataderos”
le hicieron un monumento.

(Pintura: Rodolfo Ramos)

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