viernes, 17 de febrero de 2012

Como el hornero

(Pintura: Molina Campos)


Lo mesmito que vos, cantando siempre,
un rancho coquetón, yo levantaba
a la costa' el arroyo, ande bañaba
su ramaje, el sausal, en la corriente;
yentia el alma, de amor ardiente
feliz, como inocente
paja y barro, a montones, acarriaba.

De sol a sol, sin resoyar siquiera
con el afán de verlo ya concluído,
picaniao por la chusa de Cupido
y los ojos sombriaos de mi hechisera
que me había dicho, que la quisiera
que en esa primavera
quería venir a disfruar del nido.

Yo como vos, también, iba y venía
y a cada rato mi obra contemplaba,
que al verla qué ligero adelantaba
me inundaba de orguyo y alegría
y esatamente como vos sentía
en la noche y el día
que un mundo de esperansas me cuartiaba.

Tenía una contra fiera; la tormenta,
el chaparrón, el viento, el sol, el rayo,
pero yo trabajaba sin desmayo
pa'cobrarle al amor, mi ansiada cuenta
sintiendo el alma, felis, contenta
como cuando se aumenta
del árbol del amor, su verde tayo.

Pero mi rancho, sólo jué tapera
avansao po'el cardal y la flechiya
teniendo el sicutal como goliya,
que augarla entre sus garras pretendiera;
sin más encanto que l'agorera
lechusa que ligera
pa'l jogón del dolor, trai una estiya.

La dueña'e mi pasión, remontó güelo
con... no sé que otro gavilán extraño
y aunque d'esta han pasao ya muchos años
no puedo hayar pa'mi dolor consuelo;
y en mis noches sombrías, en mis horas de duelo
le pido al mesmo sielo
que me ayude a olvidar mi desengaño.

En cambio, vos, hornero, estoy siguro
que sos felis, al lao de tu adorada
eya también trabaja entusiasmada
y ansina siempre, junto, dejuro,
no verán el escuro
fantasma que auga la pasión soñada.

Dios, castiga sin palo y sin rebenque
y es justa su revancha; ¡qué canejo!
Yo también una güelta corté el sejo
el potrero del mal, siendo consiente
y a una crioyita de amor ardiente
dejé rastreramente
sin escuchar del alma, su consejo.

En fin, hornero! Vos, sos más constante;
las maldades, no anidan en tu pecho;
vas en procura del amor, derecho,
y a él te entregás, solísito y amante;
en cambio el hombre, busca anelante,
dispertar depravante,
la honra que duerme en su dorado lecho.

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