martes, 9 de septiembre de 2014

El doradillo


(Pintura: Eleodoro Marenco)

Por más qu'el tiempo ha querido
apartarme pa'l poblao,
hay cosas en el pasao
que nunca echaré al olvido;
mi lujo mayor... ha sido
llevar la vida sencilla,
bien sujeto a la presilla
del respeto y la prudencia.
¡Y es mi mayor opulencia
haber tenido tropilla!

En ese tiempo.. asujeto,
por gusto de recordar;
se me hace otra vez mirar
y ver mi orgullo completo.
Amansados por Barreto,
sacó a los ocho "al dedillo";
un oscurito al morcillo,
dos zainos, un colorao,
dos picasos, un tostao
y el "lunar", un doradillo.

Los sabía galopiar
a todos, sin distinción.
Mi padre tenía razón
cuando dentraba a opinar,
él me sabía contar:
"tropilla'e pelo, ¡cuidao!;
siempre irá mejor montao
si descuida ese detalle,
¡es muy difícil que fallen
pelajes entreveraos!".

Mas como yo era "escribano"
en la estancia; y no era peón,
no encontraba la ocasión
de andarlos todos... ¡paisano!
Y aunque era brava la mano,
poniendo mucho cuidao,
a uno por desconfiao
y al otro por patiador.
Pensé que pa'mi el mejor
era nomás "el dorao".

Anduvimos... largos años
haciendo yunta los dos
como al amparo de Dios
entre amigos y entre extraños,
¡Vida linda y sin engaños!
Pero un día, se cortó;
una oferta me tentó
(siempre decide el bolsillo)
y allí quedó el doradillo
y pa'otro lao me fui yo.

Y es así que fui dejando
mis tiempos de campesino,
anduve muchos caminos
mirando haciendas... comprando.
Poco a poco acomodando
y engordando la cartera,
viviendo de otra manera
con mayor comodidad,
me fui haciendo a la ciudad
con sus costumbres puebleras.

Pero... al ser lindo el pasao
y además por ver al "pingo"
siempre encontraba un domingo
o enganchaba algún feriao.
¡Y volcaba pa'quel lao
sin medirla a la distancia
y allí colmaba mis ansias
de mis días más felices
¡tal vez por que las raíces
me ataban a aquella estancia!...

Estando allí, una mañana,
un amigo me propone
probar unos "percherones"
y atamos la americana.
Salimos... "a la macana"
pitando algún cigarrillo
y en cuanto la calle orillo
veo un arreo'e caballos
deshechos; y entre ellos hallo
¡Dios me libre! ¡Al Doradillo!...

No había mucho que pensar,
lo llevaban para el "tacho"
"¡Qué poco que vale un macho!
pa'mi, yo dentré a pensar.
Y ahí me empecé a castigar
yo mismo por mi torpeza;
al alambre... con presteza
lo salté "mesmo que un grillo"
y le grité: "¡doradillo!"...
¡Y él... levantó la cabeza!

Se me nubló la mirada
y entré a pensar cosas viejas,
al tiempo que'n las orejas
le pegué una manosiada;
con la garganta "añudada"
le hablé al flete y al resero;
¡él me entendió... ¡era campero!!...
y aunque de palabras... parco
me dijo: llévelo... Marcos,
ahí frente ta'su potrero...

Siguió el resero su viaje;
me tapó la "polvadera"
¡Mejor... pa que no me viera
el compañero que traje...
después, rejunté coraje
y pegaos al alambrao
los dos fuimos abrazaos
por el camino de afuera...
y al llegar a la tranquera
lo eché ande se había criao.

Él su muerte habrá elegido,
¡nunca quise preguntar!
por eso dentré a mermar
las visitas tan seguido.
Tal vez... el tiempo vivido
me ha de envolver en su ovillo.
Ya hace tiempo que no ensillo
y pienso que ande alce el vuelo,
allí en la pampa del cielo
me espera mi doradillo...



(Pintura: Rodolfo Ramos)

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Tema extraído de un cuento (del mismo nombre),
del libro "Arreando recuerdos" de Marcos V. Aguirre.