lunes, 23 de julio de 2012

El grito del vencido

(Pintura: "Gaucho Federal", óleo 1842- Raymund Auguste Quinsac Monvoisin)


El sol se estaba poniendo,
cuando a lo lejos se vido
a un gaucho desconocido
que iba la loma subiendo;
como si fuera, durmiendo,
agachao se sostenía
y tan triste parecía
que dába pena el mirarlo,
y ganas de consolarlo,
al corazón que venía.

Era un mozo, criollo flor,
tan alto como hombre y medio
de esos que ni pa remedio
van quedando, lo que es peor;
en el pretal sonador
la plata le relumbraba
y el facón, que le asomaba
una cuarta en la cintura
encabao en plata pura,
también con el sol brillaba.

Traía al cuerpo, ajustada,
una camiseta que era
celeste, color bandera
con trensilla ribeteada;
las espuelas, como nada,
valían un dineral.
Y desde el freno al bozal
y del rebenque a las riendas,
llevaba más plata en prendas
que choclos tiene un maizal.

Un chiripá de merino,
en las puntas bien bordao,
el calzoncillo, cribao,
y botas de cuero fino;
un poncho que en el camino
lo había echado por delante,
anunciaban lo bastante,
los avíos del paisano
que "andaba" en un pingo "ruano"
de algún Partido distante.

En la mesma coronita
de la loma sofrenó,
y allí el pingo se quedó
escarbando la tierrita.
La ciudá estaba cerquita
y blanqueaba el caserío
amontonao junto al río,
que estaba tan sosegao
que parecía clavao
entre el agua, el barquerío.

Soltó la rienda el paisano,
sacándole allí el sombrero
y poniendo el gesto fiero,
hizo una cruz, con la mano;
y con aire soberano
miró a la ciudá, después,
y empinao sobre los pies,
con acento dolorido,
echó al aire su quejido
y su tristeza, a la vez.

-"¡Ay! Pobre ciudá cautiva,
de tu enemigo implacable,
de esos tiranos de sable,
que yo odiaré, mientras viva.
¡Quién te vido tan arriba,
y hoy tan abajo te ve!
Sin saber, cuasi, por qué,
siento los ojos ñublaos
y por esos condenaos,
por poco pierdo la fe.

"¡Quien me había de decir
que en la ciudad de mi tierra,
los chimangos de la sierra
se le habían de venir!
¡Quién , que había de morir
nuestra libertad querida,
con tanta sangre vertida
por la altiva porteñada
que en toda guerra empeñada
ha dao por otros la vida!".
...............................

"Dejá, no más, yo te juro,
que la has de pagar, "cuicada"
que estás envalentonada
por que andás en lo siguro;
te he de hallar en un apuro,
juyendo, como avestruz,
y que no vea la luz
y que me saquen el cuero
si el cabo de mi talero
no te lo rompo en la cruz!".

Dijo así el gaucho vencido,
al tiempo que el sol se entraba
mientras la noche se apeaba
del lao del río dormido.
Después, medio estremecido,
se echó a la nuca el sombrero
y con rabia, al parejero,
las espuelas le clavó
y loma abajo salió
dando la cara al pampero.

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