martes, 6 de mayo de 2014

El baquiano



(Pintura: Molina Campos)


Señores, me represento:
soy Fermín Salcedo Cano;
trabajo de rastreador,
de resero o de baquiano,
yo busco por cuenta de otros
lo que han perdido en los campos,
tengo fama de hallador
y eso garante el trabajo;
como las mentas que tengo
han llegao lejos del pago,
una güelta me ocuparon
unos norteamericanos
pa que les hallara un toro
perdido en el Tupungato.

Aunque no confiaban mucho
en la cencia de los gauchos,
porque ellos no dan un paso
ni en la luna ni en la tierra
si no tienen aparatos;
con brújulas y reloces,
compases, reglas y planos,
me vinieron a ayudar
pa rumbiar entre picachos.

A poco andar me di cuenta
que seguíamos un gaucho:
iba cruzando las huellas
pa entreverarme los rastros,
le había forrao con bolsas
las pezuñas al ganao:
les hice ver que iban dos;
uno a pie y otro a caballo,
y que el jinete era grande
por la hondura de los vasos.
El de a pié, un chiquilín,
ni machucaba los pastos.

Les dije va el mulo tuerto
(comía de un solo lao),
les aclaré que era mulo
cuando trompecé los rastros,
la mula lo hace pa atrás,
pero pa adelante:  el macho;
adonde hicieron un alto
para forrar el ganao,
el mulo se revolcó
y dejó el pelo tirao,
descuido de un rastreador
cuando lo sigue un baquiano,
con lo que llevaba visto
no precisaba más datos
para saber en seguida
a quién íbamos buscando:
¡mi compadre Santillán
y el muchachito mi ahijao!,
si a ellos les debo la vida
cuando por salvar un maistro
quise subir a un pichacho
y me pialó el viento blanco,
Santillán y mi ahijadito
guapiando me rescataron.

Y ahura iba yo detrás de ellos
rastreándolos pa entregarlos
mas no es de gaucho entregar
un compadre y un ahijao,
no hay ley en mi tierra gaucha
que me obligue a ser ingrato.
........................................
Pedí seguirlos yo solo
y me dieron el barato
en eso estuvieron bien
esos...norteamericanos.
Prometí traerles el toro
bajo palabra de gaucho.

Para encontrarlos más pronto
agarré por un atajo
y fui a salir al refugio
del "Paso de los Basualdos".
Ahí estaba Santillán
matiando con el muchacho:
me saludaron muy frío.
"¿Va a comer?", dijo mi ahijao;
y me mostró unos quirquinchos
y unas patas de venaos.
¡No hay bicho que pa vivir
no tenga que matar algo!

-"¿Qué anda campeando, compadre?",
dijo Santillán al rato...
-"Un toro que han extraviao
unos norteamericanos";:
-"Lo hallamos en el camino
y los tráibamos arriando"...
"¡Mentira! ¡Lo llevamos pa las casas,
no queda carne en el rancho!
¡tenemos hambre, padrino,
y no encontramos trabajo...!"

Ahí sí que se me entreveraron las ideas
estaba todo perdido
Y en eso veo que el toro
desangra por las pezuñas
y digje mirando al chico
como solución pal caso:
-"ése, ése no aguanta el regreso,
via tener que degollarlo!.
Yo me viá tener que llevar el cuero
y dejo carne pa'rato..."

Me alumbró Dios esa güelta
que mis rumbos se extraviaron:
pagué la deuda al compadre,
salvé mi fama'e baquiano
y quedamos bien los gauchos
con los norteamericanos.