miércoles, 9 de febrero de 2011

La espuela

(Foto: Eduardo Amorim)
La espuela no es heredad
de gauchos y de pastores,
fue un lujo de los señores
de la época colonial.
La usó el hombre de espadilla;
y de encharolada bota,
el de zapatilla rota
apura con el talón.

Un domador de los de antes
amansaba una tropilla,
sembrando como semilla
los caballitos de andar;
en la edad viril del gaucho,
nadie jineteaba un toro,
eso era en los tiempos de oro
cuando era un honor domar.

Hoy me parece que el gaucho
al potro lo aborreciera,
que el caballo no sintiera
los tajos del aguijón;
los que le dejan el cuero
llenos de boquitas rosas,
y las rodajas filosas
sangradas hasta el garrón.

La espuela es sin duda alguna,
la esencia del gaucho neto,
y la falta de respeto
para el donoso animal;
la espuela gaucha reafirma
aunque a ustedes les asombre,
lo poco que vale el hombre
ante el noble irracional.

Pues como el caballo es mudo
le responde con quejidos,
con corcobos y bufidos
a los garfios de metal;
la espuela es el instrumento
que en forma alevosa y fría,
la usa para la eregía
el tropillero rural.

Cuando el gaucho bolió el potro
de la crin la salto empelo,
sin averiguarle el pelo
ni la marca del alzao;
pero el gaucho lo amansaba
para él y para los otros,
no para hacerlos más potros
ni un inútil resabiao.

Las espuelas nazarenas
tienen un nombre de cielo,
y es para el potro un flagelo
de rodaja y de talero;
pues no le dejan al potro
del vacío a la paleta,
el hambre de las saetas,
ni un dedo sano del cuero.

Los dardos de las lloronas
como las puas del gallo,
producen en el caballo:
cansancio, dolor y hiel;
pues no le queda un retazo
después de ese lance cruento
de donde sacarle un tiento,
de la acribillada piel.

Si esto no es una eregía
que hable otro más entendido,
ahí está el caballo herido
chorriando sangre y dolor;
si este crimen no es un crimen
que el demonio nos dé el fallo,
si el caballo es el caballo,
o el potro el espectador.

Hoy el gaucho mienta un potro
guayaba que le subrayo,
porque domar un caballo
no le causa una emoción;
no estrañes que un mal paisano
desde el seno de la Quiaca,
llegue al trote de una vaca
burlando la tradición.

(Foto: Mónica Balmaceda)

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