jueves, 17 de febrero de 2011

Los aparceros

(Foto: Eduardo Amorim)
En mi tropilla de criollos
tengo un bayo gargantilla,
y un lobuno testerilla
que son una buena yunta;
los dos siempre van en punta
tras la madrina rosilla.

Retozan como potrillos
con amagos y cuerpeando,
y por ahi, de vez en cuando,
se avalanzan y abrasaos,
parecen entrelazaos
como criaturas jugando.

El bayo se me pasmó
y por poco jue finao;
yo lo atendí con cuidao
y aunque no lo crea alguno,
en tuito el tiempo el lobuno
ni se movió de su lao.

Se puso charcón y triste
viendo así a su compañero,
yo lo llevaba al potrero
pa que verdiase un poquito,
pero él se volvía al tranquito
para estar con su aparcero.

¡Gran siete! me dije yo,
que lección pa los cristianos,
tanto que hablamos de "hermanos",
de "ser bueno" y "servicial",
y al final un animal
es como pocos humanos.

Felizmente eso pasó
pues pude salvar al bayo,
y hoy cuando a solas me hayo,
pienso y que naides se asombre:
¡Amhalaya! algunos hombres,
fuesen como mis cabayos.