jueves, 3 de marzo de 2011

No alcanza y no alcanza


Güenas, con permiso, digo, si estoy entre amigos
como andan las cosas, tan mal barajadas
uno, ya no sabe ni ande ricostarse,
si cayó al camino, o erró la picada.
Soy tropero, viejo, pero no por años,
sino que el oficio me viene de tata:
jué su única herencia, discontao, se entiende,
la viola, el apero y un nombre sin mancha.

Ahura ser tropero no es asunto fácil;
los fierrocarriles, camiones y jaulas
son dueños del campo, pero yo, ya he dicho
soy hijo e tropero y un tropero de alma.
Dende muy muchacho me quemé los güesos
arriando animales bajo sol y escarchas;
me hice hombre a caballo y en ley de mi sangre
jundé una familia, lleno de esperanzas.

Cuanto a condiciones, no dirá denguno
que crucé de largo viéndolo en disgracia
ni que me hice el zonzo, pijotiando riales
si llegó el momento de rascar la chala...
Manso por costumbre, no dirán tampoco
que frente a un insulto me golví de espaldas;
quise ser y he sido, nada más que gaucho,
tal como me criaron y jueron mis tatas.

Ese es mi ritrato... ansina he vivido
limpio de concencia, con mis cuentas claras
sin trampiar a naide ni acordarme nunca
qué vecino y cuándo me pidió una cuarta.
Mas hoy, poco a poco las calamidades
me han ido empujando sobre la barranca
y áhi me encuentro, al borde, con un pie en el aire
que caigo, no caigo y hasta que me caiga,
porque no me queda nada en que agarrarme
ni llega un amigo pa ver si me salva.

No acuso a los criollos, tuitos más o menos
como yo, por serlo, están, ¡que dan lástima...!
A mi paso, no oigo más que los lamentos,
sólo no se queja quien perdió hasta el habla.
Y he luchao ¡lo juro! sin darme respiro
lo mesmo haiga sido pa arriar cuatro vacas
que con la tropilla con gente y siñuelos
pa llevar haciendas a grandes distancias.

Meses a ocasiones me ha pasao trotiando
sin pegar la güelta pa el lao de las casas
en tanto mi China, con mis sais cachorros,
cismaban, creyendo que clavé las guampas.
Y lo pior no es eso, lo rialmente malo
es que antes, tropiando dos o tres semanas,
cubría con sobras gastos y renuevos
de aperos, caballos, y ropas gastadas.

Golver ahura al rancho dispués de cien leguas
de meniarles trancos por ferias y estancias,
es como dir preso pa que me ajusilen:
llego a mi querencia con la vista baja,
beso a las criaturas, abrazo a mi china,
le dejo en el buche de avestruz la plata
y salgo al alero, mudo y convencido
que ni pa rimedios lo que truje alcanza.

Por más que mi pobre mujer se deslome
trabajando, ahurrando, rompiéndose el alma,
planchando, limpiando, remiendando pilchas
cuasi echando sangre las manos rajadas
tanto lavar priendas, midiendo el centavo
¡ni estiraos a cincha los riales alcanzan!

Jabón, carne, yerba, la sal, los fideos;
de azúcar no hablemos, ya no se usa en casa,
algunas camisas de lienzo, galletas
si es muy frío el tiempo medias y alpargatas
y otras pocas pilchas pa no criar los hijos
como indios salvajes desnudos y en pata
se llevan en horas lo que a mí me abonan
por días y noches de rondas y marchas.

Y esto es cuento viejo, mi historia presente
tal como los lazos trenzaos, tiene yapa:
m'hija, la más chica que vino de un susto
nació con las piernas medio engarrotadas:
le faltaban meses pa llegar a un mundo
ande más valdría que nunca llegaran
los hijos sin suerte de los criollos pobres
que andan sin destino por tuita la Patria.

Vide hombres baquianos pa arreglar los güesos,
brujos, curanderas y hasta manosantas...
Abogiaos por viajes y gastos nos fuimos al pueblo
de un dotor famoso: risolvió... estaquiarla
con un aparato de fierros y cueros
pa que no tuviese la desventurada
que llagarse el cuerpo tirada en el suelo
o igual que un gusano moverse a la rastra.

Vendí la tropilla, mi recao de fiestas
cujas, ponchos, riendas que fueron de tata;
mates y cuchillos que antiguos plateros
cubrieron con flores de plata labrada.
Lo dejé a mi rancho, mesmo que tapera,
pa evitar vergüenzas, comento y demandas.
Quedé como el trigo que espigó con seca
pelao, amarillo, vano, pura paja
y aún ansí en el pago tengo cuentas nuevas,
en la Pulpería, ni sé cuántas rayas.
¡Ni un pan ni un rimedio, me dan más a cuenta,
una cruz me han puesto Boliche y Farmacia!

Y aquí estoy, vencido, sin estar en guerra,
redotao por tuitos, por tuito... y por nada.
Me falta tropilla pa ofrecer trabajos
traté de alquilarla dando mi palabra
pero no hubo caso: ¿quién va a fiarle a un cáido?
Pa los sin amparos, no hay crédito o fianza;
que se hunda y se muera, total sobran pobres
y enterrao un pobre no estorba y descansa...
He sudao pionando, fuese en lo que fuese,
a veces me alquilo pa una que otra changa
mas si ayer lo justo que truje jué poco
lo injusto que hoy gano ¿pa qué diablos alcanza?

Se me ha hecho un martirio dentrar a mi rancho,
la negra pobreza silenciosa avanza
mis hijos parecen flacos perros galgos:
hay noches que a juerza de mate se pasan
gambetiando el hambre: sobre sus remiendos
como barba e choclo cuelgan las hilachas,
y áhi están calláitos, mirando a la madre
que busca rincones pa esconder sus lágrimas.
Tal vez piensen ellos, que soy un inútil
un mal padre, un vago sin sangre en la cara
que no se le importa lo que les sucede
ni tiene conciencia ni es gaucho ni es nada.

¿Quién es el culpable de estos sufrimientos?
¡Naide! Claro, naide; denguno se para
como responsable de esta muerte lenta
en la que agonizan el pueblo y la Patria.
Lo mismo al obrero que pa el pión de campo,
el sueldo que cobra no alcanza y no alcanza.

Y pa qué protestas, mitines o güelgas...
cuando alguna de estas cuistiones se ganan
nos tiran cien pesos, pero ni mil aumentan
lo que una familia malviviendo gasta.

¿Qué hay que hacer? pregunto, ¿pa qué lao rumbiamos?
¿Qué fin, qué miserias me esperan mañana?
¿Tendrán mis criaturas que dir como zorros
a robar comida por montes y chacras
o tendré yo mesmo que hacerme un bandido
como tantos pillos que un caudillo apaña?

Me están haciendo otro... y en mis sentimientos
algo rencoroso se regüelve y brama.
Hasta mi cuchillo de criollo prudente
¡siento que se sale solo de la vaina!

¡Le hablo a los que tienen, por los que no tienen!
Sepan que la hacienda si carece de agua
rompe los alambres distrozando tuito
lo que está por medio de ella y de la aguada.

No esperen que el ancho rodeo de pobres
haga mil pedazos corrales y trancas:
será tarde entonces pa tomar en cuenta
este grito ronco: ¡NO ALCANZA Y NO ALCANZA!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustaría saber quien era el que rescitaba esta payada , hace 20 años lo escuchaba con mi madre y ahora despues de tantos años fuera del país llevo tiempo buscando quien era esa persona que me emocionaba cuando niño .

jorge franco dijo...

se trata del maestro José Luis Chialvo es el interprete