martes, 11 de agosto de 2009

Aflojando el tranco


Como mamón que se niega
a meterse en los barriales,
se me pusieron baguales
los versos de Santos Vega.
Será mi alma que reniega
porque el tranco le'aflojado,
o por lo que hube rodado
arrugando el entrecejo,
o debe ser que estoy viejo
o que me encuentro cansado.

El mismo fogón al rancho
al no calentar su hoguera,
le da un frío de tapera
y lo hace más largo y ancho.
Yo de macaco lo mancho
hablando sólo macanas,
y por las cosas lejanas
que encandilan mis reproches,
se me juntan con las noches
las tardes y las mañanas.

Si hasta me parece que ella
la que alumbró mi camino,
no quiere darme su fino
aliento para la güeya.
No es su misma luz de estrella
la que alumbraba mi canto,
la que rompió algún quebranto
de la tristeza en el borde
si no me salva su acorde,
sé bien que no me levanto.

Se encaprichan mis endechas
ya ni un pensamiento estampo,
no me inspira nada el campo
ni me importan las cosechas.
Como simples cosas hechas
la belleza se me esconde,
por más que mi fuerza ronde
por darle a mi alma un reflejo.
Me doy cuenta que estoy viejo
y que estoy quién sabe dónde.

Me va alimentando un poco
el alma de Martín Fierro,
que aunque le trabé el cencerro
por estar del todo tioco;
no quiero aflojar tampoco,
no quiero apagar mi día,
y aunque mi sangre se enfría
quiero que el potro me baje,
porque quiero al paisanaje
igual a la tierra mía.

No hay comentarios: