domingo, 14 de agosto de 2016

Tierra libre




Soy el bardo campechano
que a pesar de mi ignorancia
si en el fogón de una estancia
me hace rueda el buen paisano,
sé inculcar como un hermano
un principio de razón
que los parias del galpón
sin rancho, flete, ni apero
valen como el estanciero
que naides nació pa pión.

Nos impone la obediencia
su ley de resignación
se hace el pan negro del pión
con la sal de su paciencia,
los que educan la existencia
en el mito de la fe,
nunca nos dirán porqué
hasta el gringo en este suelo
tiene tropilla de un pelo
y el nativo anda de a pié.

No hay ningún certificao
que acredite propiedad
el campo, la inmensidad,
sin tranqueras ni alambrao,
todo jué un don otorgao
por la gran Naturaleza
y frente a tanta riqueza
siendo común el tesoro
unos, cargaron el oro,
los otros, con la pobreza.

"Ser pobre no es un delito"
le dice el rico al hambriento
y él, si pudiese avariento
alambraba el infinito,
el pobre es como un proscrito
de la mesa del festín,
una pilcha sucia y ruin
por la miseria zurcida
cual si llevase en su vida
la maldíción de Caín.

Los hombres se entenderán
como hermanos, como amigos,
cuando aquél que plante el trigo
no se haga esclavo del pan,
la política es un plan
de artimaña secular,
como su fin es mandar
esconde un concepto bajo,
que unos nacen pa'l trabajo
y otros pa'hacer trabajar.

No es el Pueblo soberano,
así desnudo y hambriento,
un Pueblo sin pensamiento
que vegenta en un pantano;
el término franco y llano
de Pueblo en su intensidad
tiene cabal majestad
si hace valer por sí mismo
un principio de humanismo
de justicia y de igualdad.

Ya diserté a mi manera
con gesto humano y sencillo,
sin pretensión de caudillo
de profunda entendedera,
ahora me voy campo ajuera
libre por toda la tierra,
en la hurañez de la sierra
voy a vivir cimarrón
porque así mi corazón
no será carne de yerra.