miércoles, 13 de marzo de 2013

Hasta el rancho del amor



(Dibujo: Rodolfo Ramos)

En una mañana clara
de la luz que dió un domingo,
salio en un precioso pingo
el paisano Juan Caldara.
Era un tostao malacara
que le costó acomodar,
lo quería caminar
porque estaba en las porfías,
que tenía pocos días
para poderlo entregar.

Vivía en un campo lindero
que estaba mal alambrao,
donde tenía un cuñao
que también era puestero.
Cruzó, como esos puebleros
que pasan sin saludar,
porque llegó a calcular
que si una mano movía
el tostao se le pondría
a arrastrarse a corcovear.

Así pasó Juan Caldara
medio al tranco y seriamente,
que parecía ir sonriente
en el tostao malacara,
y no era en él cosa rara
hacer un domingo flor,
cuando su sueño cantor
silba de estilos alegros,
pensando en los ojos negros
de la dueña de su amor.

Diez redomones tenía
que entregar en esos meses,
donde iban los intereses
de los trabajos que hacía.
Del cual daba garantía
del animal que domó
y apenas la copa vió
de un tala viejo que asoma,
detrás de la última loma
el recado acomodó.

Iba con el ansia loca
al tranco largo ese trazo
porque sabía que un abrazo
era el premio que le toca,
a más la miel de una boca
le alimentaría el amor
porque el desbocado ardor
sueña junto a su querella,
porque al estar junto a ella
es un domingo mejor.

Cerca escrudiñaba el llano
en esa linda mañana,
una preciosa paisana
esperando a su paisano.
Entre una y otra mano
su impaciencia estrelló
pero apenas divisó
al jinete por la huella
daba gracias a la estrella
que a su gaucho encandiló.

Y por mágico embeleso
de unas trenzas renegridas,
cobró las noches perdidas
premiándolas con un beso.
Ella sentía por eso
orgullodel domador
y al disfrutar del amor
en esos instantes gratos,
viven alegres los ratos
de otro domingo mejor.