martes, 12 de marzo de 2013

El moro que no tuve


(Pintura: Carlos Montefusco)

Quisiera tener un moro
de cabeza y patas negras,
no pa'ndar juedeando suegras
pero sí pa mis añoros;
los cuatro  vaso'un decoro
que sean negros también,
un pingo de estampa bien
como aquél de los Salgao',
el mismo que fue robao
por la gente de Pincén.

Potro quisiera comprarlo
de cola y de clina entera,
pa'garrarlo a mi manera
y despacio manosearlo.
Medio brutón galopearlo
para poderlo cimbrar
y si le tengo que dar
un buen tacazo al descuido
se lo he de dar bien medido
sin dejarlo corcoviar.

Lo he de tirar en el suelo,
en la boca y por reflejo
en algún pingo ya viejo
que no se le mueva un pelo;
y aunque regale recelo,
patiando con energía,
lo he de montar con valía
en cualquier arenalsito
con un bocao sobadito
pa no judiarle la encía.

Se bien que si corcovea
aunque sea con recao,
a mi cuerpo deflecao
se le va a poner muy fea;
pero igual pa'tal  pelea
jamás he de atarme 'e manos
pa que sepa el muy ufano
y toda su sangre altiva
que estando el cristiano arriba
el que manda es el cristiano.

Me he de sentir satisfecho
cuando apartando mamones,
lo haga correr de garrones
pero con la pera al pecho.
Y una vez que ya esté hecho,
caballito sin bravata,
una de las cosas gratas
que ha de aprender con empeño,
es jamás patearlo al dueño
aunque caiga entre las patas.

En pelo le he de enseñar
a saltar pozos y espinas,
sin más riendas que las clinas
para poderlo volcar.
Y el día que de enlazar
lo haga entuavía de bocao,
ha de aprender bien parao
a quedarse desenvuelto,
rienda arriba pero suelto
dando frente al enlazao.

 No quiero que sea apurao
pa'montarlo en las campañas
por si alguna vez la caña
me larga medio mareao.
Y la vez  en que  el recao
le baje en los campos yermos
ande yo vi alguno enfermo
ha de aprender como un resto
a pastear con el cabresto
suelto mientras que yo duermo.

No importa que ande dormido
cuando los toscales pise,
basta cuando lo precise:
esté siempre decidido.
Y pa los viajes sufridos
quiero que sea guapetón
y tenga por condición ,
en vez de un trote machazo,
apenita un sobrepaso
y un galopito cortón.

No lo preciso ligero,
que vuele en canchas o pistas,
si yo no soy carrerista
¿pa'qué quiero un parejero?
Que sea aguantador, prefiero,
no muy lerdo ni muy loro,
y el día en que el tiempo de oro
me diga basta sonriendo,
qusiera dirme durmiendo
al tranco sobre mi moro.