martes, 8 de enero de 2013

De payanca


(Pintura: Rodolfo Ramos)

En mis renglones camperos
si acomodarlos consigo
quiero mentar a un amigo
nacido en los Mataderos.
Mis versos se hacen matreros
pa andarlos entropillando,
pero las rimas, jugando,
me han avanzao en tropel
porque a Clovizo Querel
con ellas lo voy pintando.

Solo les pido atención
y que escuchen sin barullo,
porque el más leve murmullo
me achica la inspiración.
Y a mi amigo, en la ocasión,
me esmeraré en presentarlo,
diciendo aquí al detallarlo
que aunque le digan "El Chino"
es un ejemplo argentino
por donde quieran mirarlo.

Por eso quiero afirmar
sin achicarme en el gasto
que fue elegante en el basto
y muy mentao pa domar.
Pa quererlo repechar
siempre fue un asunto fiero,
y aunque igualito al lucero
sepa brillar su experiencia
hoy talvéz, con más prudencia,
es más despierto que un tero.

Le gusta andar bien montao
-cuya virtud le valoro-
y hacerlo quejar a un toro
contra el encuentro apretao.
Las pilchas de su recao
sin que aparenten riqueza
llevan con toda certeza
detalles que hay que imitar,
porque "El Chino" al ensillar
demuestra delicadeza.

Siempre tuvo mano fija
apadrinando un bagual,
apartando en un corral
como al correr la sortija.
Luciendo en forma prolija
sin cabrestiarle al progreso
poncho fino ó poncho grueso
según cuadre la ocasión,
y un pañuelo chicuelón
anudao en el pescuezo.

Hombre que cuida el detalle,
pero es, y lo digo fuerte,
una taba echando suerte
en cualquier lugar que talle.
Camperazo en donde se halle,
desenvuelto y liberal,
cumplido, atento, cordial,
de una hebra y sin revés,
y tan parejo de res
que es un criollo excepcional.

Conociendo sus valores
en sus tiempos iniciales
Campo de Pato Corrales
lo contó en sus defensores.
Luchaba por sus colores
siempre animoso y dispuesto,
sin que jamás un mal gesto
fuera a empañar su figura,
porque con garra y altura
en la cancha echaba el resto.

Trabajando con haciendas
sin que aflojaran sus bríos
con temporales y fríos
libró sus buenas contiendas.
Y ni Dios le puso riendas
a su gaucha vocación,
porque como buen varón
de proceder sin embrollo
en su pecho de hombre criollo
palpita la tradición.

El afecto y la bondad
hicieron nido en su pecho,
por eso es que satisfecho
yo me honro con su amistad.
Su franqueza y seriedad
son como un lazo tendido,
para que el más presumido
observe, aprenda y se entere,
que nunca es gaucho el que quiere
sinó el que gaucho ha nacido.

Como estoy sobrao de aliento
me siento tironeador
pa apretarle el maniador
de mi gaucho sentimiento.
Después, al tranco y contento
quiero rumbiar campo afuera,
pero si Dios le impusiera
silencio a mi cascabel
les dejo al "Chino" Querel
presentao a mi manera.