domingo, 10 de abril de 2016

Oración y comarca (Poema con aire de chamamé)




Señor, que enciendes la vida
en la mitad de la tarde:
concédeme la alegría
de caminar estas calles
gozando de la sencilla
tristeza de los sauzales.

Señor, que extiendes tu mano
para el que quiera encontrarte,
permíteme la distancia
que me separa del ave
en cada vuelo de coplas
protege mi sueño grande.

Y sobre la lluvia lenta
que por el verde se expande
ayúdame con el cielo,
para que pueda quedarme.

Cuando era niño pensaba
viajar en potros del aire
por esa gris aventura
que definen las ciudades
y adivinar el sentido
de aquellas risas fugaces,
tremenda caricatura
que me extasiaba la carne.

Después comprendí la simple
calidez de mi paisaje,
la ilusión de la comarca
galopando por mi sangre,
volvieron sobre mi sombra
capullos de soledades
con la luz de mi provincia
consagrando los trigales.

Oí los trinos nativos
en conciertos virginales
y en el ceibo florecido
las leyendas ancestrales..

Por eso nunca me atrajo
viajar en potros del aire
buscando entre las ciudades
aquellas risas fugaces.

He madurado ternura
entre verdes esterales
para entregarla en canciones
de esperanzas populares,
mientras las voces pequeñas
protegen mi sueño grande.

Señor, que enciendes la vida
en la mitad de la tarde,
te pido para mis hijos
la libertad de las aves,
para mis ojos cansados
la llama azul del romance
y para el pueblo pequeño
que mis hermanos comparten
te pido un SOL ARGENTINO
con brillo de voluntades:

¡Una comarca dichosa
para que pueda quedarme!