domingo, 6 de abril de 2014

Rumbos - Reselos de viejo



(Pintura: Eleodoro Marenco)


Nas'el hombre, y es clavao,
que al naser, nase su estreya,
y ha de seguir por la güeya
qu'el Destino le ha trasáo.
Su rumbo ya está marcáo,
anque agarre otro camino,
y no habrá poder divino,
ni mano que tenga juersa,
pá qu'en el aire la tuersa
a la taba del Destino.

A veses, tuitas se asiertan,
y a veses, tuitas se yerran.
Mal hasen los que s'emperran
en la mala, y no resiertan.
Los hombres que se dispiertan
al golpe de lo fatal,
han de ver que pá su mal
difísilmente hay rimedio,
"porqu'el que nase pá medio
nunca v'a yegar a rial".
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Cuando en noches escurasas
la ladrona comadreja
de su guarida se aleja
y va rumbo'e las casas,
dejuro en unas gordasas
gayinas, piensa sin yerro.
Y a lo mejor en el fierro
de un facón se v'a ensartar
o va derecho a "espichar"
entre los dientes de un perro.

De su rancho sale un crioyo
con rumbo a la pulpería,
y ¡aijuna! quién le diría
qu'ese es el rumbo del hoyo!
Se le presienta un embroyo;
atropeya, pega un grito;
¡como ansina estaba escrito
ayí nomás yeva el tumbo!
y ahí tienen ¡canejo! el rumbo
cambiáo en un momentito.

Ansina tuito ha de ser,
no hay güenos ni malos rumbos;
hay levantes y derrumbos
que tienen que aconteser.
El hombre no deb'e crer
más qu'en la fatalidá,
que al rumbiar p'ande uno vá
el Destino manda y juega:
si no ha de yegar, no yega,
si ha de yegar, yegará.

Munchas veses ¡si es sonsera!
siguiend'un rumbo claváo,
el Destino me ha volcáo
"como carreta en ladera".
¡Que la suerte traisionera
me ha lesionáo con eseso!
y nada estraño, por eso,
si atrás de un rumbo sertero,
¡cuántas ves, y en cuánt'ujero,
cuasi me quiebro el pescueso!

¡Cuántas veses, la ilusión
-creyend'una cosa sierta-
"como verdolaga en güerta"
cundió por mi corasón!
Msa no faltó serrasón
que me ñublara el destino.
Y ansina un gaucho de tino,
baquianaso y rumbiador,
pierd'el rumbo a lo mejor
y se queda en el camino.

Lo qu'en antes claro vía,
hoy lo miro con más calma.
¡Si en el cuerpo y en el alma
tengo marcas entuavía!
El rumbo'e la casa mía
es mi rumbo más querido;
pero siempre ando alvertido
anque por mis pagos ande,
qu'es como paloma grande
el viejo Santos Garrido.