sábado, 30 de octubre de 2010

Trenzao de seis

(Dibujo: Eleodoro Marenco)
Lazo de seis, bien trenzao,
cuantas veces, pa mi bien,
en menos de un santiamén
solía tenerte armao.
Hoy como yo, arrinconao,
pasás desapercibido,
y si el tiempo trascurrido
quiere borrar tu campaña
ya te conozco una hazaña
de la que nunca me olvido.

Corbalán, gaucho mentao,
campero como el churrasco,
parece que fuera vasco
por lo reloco y porfiao.
Andando así atravesao
deja de ser cauteloso
y de puro caprichoso
se le antojó una ocasión
"bandear" el Samborombón
estando muy correntoso.

Que el río no daba paso
dos veces se lo alvertí,
pero él ráindose de mí
siguió sin hacerme caso.
Presintiendo su fracaso
me formé una mala idea,
y aunque en la brava tarea
dentró Corbalán con fe
cuando el gatiao perdió pie
la cuestión se puso fea.

Con un tirón en la boca
se echó su caballo encima,
que si él despacio lo anima
el animal no se apoca.
Y como a todos provoca
su instinto de salvación,
después de aquél chapuzón
los dos bultos separados
boyaban como empujados
en la misma dirección.

El caballo, resoplando,
mojao hasta la cabeza,
con un resto de guapeza
ganó la orilla nadando.
Corbalán, casi boquiando
se debatía inutilmente,
y ya perdido, impotente,
como una fiera vencida
era un juguete con vida
arrastrao por la corriente.

En un trance tan severo
de un tirón te desaté
y en un pestañar te armé
como una luz de ligero.
Montao en mi zaino overo
calculé justito el trecho,
y me hizo una buya el pecho
cuando tu armada, me acuerdo,
cayó bajo el brazo izquierdo
y sobre el hombro derecho.

Yo puse el alma en el tiro...
lo demás lo hiciste vos,
y al darle gracias a Dios
dejé escapar un suspiro.
Después ya tomó otro giro
lo que antes fué pesadilla,
y en una escena sencilla
un hombre, una estampa criolla,
entre la yapa y la argolla
cabretiaba pa la orilla.

Por eso te quiero tanto
mi viejo lazo trenzao,
y como me hallo inspirao
en estos versos te canto.
En mis rimas te agiganto
porque un deber me convida,
y cuando en forma sentida
te acaricio con afán
me acuerdo que Corbalán
¡te está debiendo la vida!...

(Pintura: Carlos Montefusco)

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