miércoles, 13 de octubre de 2010

Bronce y madrinas

(Foto: Eduardo Amorim)
Cencerro, viejo cencerro...
Cencerro, viejo cencerro
que ayer nomás, madrinero,
cruzaste como el pampero
del cañadón a los cerros;
calandrias, potros y perros,
caminos y poblaciones;
despertaron con tus sones
al dir la yegua trotiando,
pero siempre amadrinando
corrientes y chucarones.

Cuántas vece'un campiador...
Cuántas vece'un campiador
con frío y de madrugada,
al oir tu clarinada
te agradeció con amor;
y sabe el madrugador
por luz de gaucho sin tregua,
que al caminar de la yegua
sobre los campos dormidos,
puede escucharse el tañido
a veces, hasta de una legua.

Cencerro viejo en los bajos...
Cencerro viejo en los bajos
y en las lomas que sentencio,
si abrás quebrado silencio
al golpe de tu badajo;
cada gaucho de trabajo
te ha de estar agradecido,
y no de echar al olvido
quien campeó de madrugada,
cuando más grande la helada
se oye más claro el sonido.

Por eso al verte colgao...
Por eso al verte colgao
como una cosa cualquiera,
ya sin lustre ni collera
con el badajo osidao,
cierro los ojos cansao
pa ocultar dos lagrimones,
tanto me formé a tus sones
y a tus camperos tallidos,
que entuavía sueña mi oído
con tropel de redomones.

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