martes, 26 de julio de 2016

El zaino de Tranamil (Milonga)




Un caballito aguerrido,
batallador liberal, 
hace a mi pecho cantar
vibrando en cada latido.
Lo conocí mantenido
siendo flete de bocao
de verlo a medio recao
con ramoneos de coirón
cual si fuera de galpón
siempre listo pa'un mandao.

Como su dueño es un peón, 
andador y calavera,
en esas farras camperas
lo puso trasnochador.
Sabe Dios, cuánto sudor
le secaron las heladas
y en aquellas madrugadas, 
aclaro pa'que me entiendan,
¡qué leguas a media rienda
se ha tragao de una pelada!

Lo vi zaino requemao
en un invierno muy crudo, 
algo flacón y peludo
pero nunca descarnao;
abarajando el recao
d'iba mi codicia un tirón
y tentao por la pasión
quise comprárselo al dueño
pero él dijo que ni en sueño
pegaría tal tropezón.

Cuando el sol calienta el suelo
y aparecen los verdines
el zaino con los trajines
ya d'entra a mudar el pelo; 
la grasa como un pañuelo
parte el anca del mentao,
abre zaino colorao,
aquél que pasa escarciando,
y a mí me deja pensando 
en el pingo que he soñao.

¡Ah flete gaucho del pago!
curtido y  aclimatao,
hijo tan fiel del recao
y el maletín de los tragos.
Mi canto es el pobre alago
a tu vida verdadera, 
un relincho en campo ajuera
del tacho el último son
y suerte de un pobre peón
andador y calavera.