miércoles, 27 de julio de 2016

El duende sombrerudo (Ronda canción)





















Con su sombrero aludo
el duende chiquito,
corría y corría por el arenal.
Y arriba de la noche
mil ojos de gato,
miraban el rastro del duende al jugar
miraban el rastro del duende al jugar.

Pisando en pata pila
quebraba ramitas,
llevaba en su mano de lana un pincel,
que encima de los montes con chispas de luna
pintaba de blanco la flor del laurel,
pintaba de blanco la flor del laurel.

El sol, ardiente rubio de siestas, crecía
la iguana bailaba su ronda estival.
-"No vayas al río chinito cuidate,
que el duende tunante te puede pillar,
que el duende tunante te puede pillar".

Secretos de la lluvia
guardaba el aljibe,
el duende curioso en él se cayó
y a lo lejos un coro de ranas y grillos
cantaba en vano un largo arrorró,
cantaba en vano un largo arrorró.

Duerme duerme duende tu sueño,
que mañana te despertarán,
Duerme duerme duende tu sueño,
que mañana te despertarán,
por la noche mil ojos de gato
para verte en la arena jugar,
para verte en la arena jugar...
para verte en la arena jugar.






El Duende o Enano es un genio de gran popularidad en Argentina, que algunos autores han comparado con los gnomos europeos.

Se dice que son espíritus de criaturas que sus madres mataron al nacer, nacieron muertas, fueron abortados o murieron sin bautizar.

Comúnmente se lo presenta como un enano con una mano de fierro y otra de lana, rostro magro y barbirrucio, sombrerote de copa en embudo y traje de llamativos colores, entre los que predominan el rojo y el verde. También puede ser un niño de pocos años, un viejito gordo y barbudo de largas uñas y sombrero de paja de alas anchas.

En Villa Matará, Santiago del Estero, es negro y crespo y viste un hábito “chejchi”, de pintas coloradas sobre un fondo blanco, gris claro o ceniciento.

Vendrían a representar al demonio de la tentación.

Personaje esencialmente travieso, socarrón, enamoradizo y por momentos grosero.

Vive en el monte, en los troncos de los árboles, de donde sale a la siesta para asustar a los niños y cortejar a las mozas con regalos como pañuelos, dinero, melones, empanadas y golosinas. Si estas rehúsan sus favores se venga, gastándoles mil travesuras y hasta haciéndoles daños mayores.
Se aparece a veces desnudo ante las mujeres mayores y las escandaliza con groseros gestos, deporte que no practica con las jóvenes.
Según Juan Carlos Dávalos, se acerca a las pulperías los sábados a la noche para dar una tunda a los ebrios.

También se enanca a los caballos, hurta pellones, trueca por carbones el pan de las alforjas, apedrea las casas, pudre los huevos, apaga el fuego, vuelca la olla, corta la ropa.

Para ahuyentarlo hay que llenarse los bolsillos con algo que huela mucho.

(Tomado del libro; "Seres Sobrenaturales de la Cultura Popular Argentina" de Adolfo Colombres)