jueves, 10 de octubre de 2013

El Cura Brochero (Poema criollo)

El Gaucho Seco
Un muy endiablao matrero
por aquella zona andaba;
-la justicia lo acusaba
de robos y asesinatos;
- "Gaucho Seco" lo llamaban
por fiero y cruel en sus tratos.

La polecía'e la zona
tiene orden de apresarlo:
-mas, naides sale a buscarlo
por temor a su pandilla
-sin miramiento acuchilla
al que amaga desafiarlo.

Un día que los melicos
lo rodearon de sorpresa,
él, con bravura y fiereza,
hizo valer su facón;
-tajeó a dos en la cabeza
y por la brecha escapó.

Mas, cierto día Brochero,
como quien tiene un antojo,
y haciendo un acto de arrojo,
-"Señor, dijo con aplomo, 
si a este bagual no lo domo, 
teneme por cura flojo".

Y montao en su Malacara
jué en busca de su escondrijo:
-llevaba su crucifijo
y su rosario bendito;
-"Con sólo estar armas, dijo
voy a apresar al maldito".

El Cura tuvo que andar
entre cerros y quebradas;
-eran días de nevada
y los sitios solitarios;
rezaba lento el Rosario
para animar las jornadas.

Por fin distingue, a lo lejos,
entre las piedras y matas,
el humo de una fogata
que era el signo delator;
-allí estaba el güen señor
descansando'e sus bravatas.

Se baja el Cura del mulo
y comienza a andar de a pié;
-"Aura comienza el minué,
-se dijo muy decidido,
dame, Señor, juerza y fe, 
para apresar al bandido".

Mas de pronto lo sorpriende
un grito en el desierto:
-"¡Alto ahí, o es hombre muerto!", 
el Gaucho Seco le grita;
-en su mano troglogidta,
brilla un puñal descubierto.

Brochero ni se mosquea
ante aquél grito de muerte;
es varón y es cura juerte
y el peligro no lo asusta;
-poniendo su cara adusta,
al bandido le hace frente.

Alza el Cristo en una mano,
gritándole decidido:
-"¡Qué vas a hacer, bandido!;
¡dale a éste! ¡dale a éste!,
que aquel que te busca es El, 
que vé que sos hombre cruel
y te vas a condenar;
¡dale, dale, dale a éste,
si es que a El te le animás!".

Ante varón tan valiente
el Gaucho Seco aflojó;
-mas, altivo preguntó:
"qué es lo que el Cura quería";
-Brochero ya sonreía
y con gracia respondió:

-"Por ahora descansar
que me siento fatigao;
es mejor hablar sentao,
mientras corren los amargos;
el tirón ha sido largo
y medio me ha descolao".

Ya confiao el Gaucho Seco,
a su cueva lo hace entrar;
y comienzan a matear
como viejos conocidos;
-al prencipio era bromear
y hablar de güeyes perdidos.

Pero el Cura, poco a poco,
le plantea la cuestión;
-Peligra tu salvación,
-le dijo, si no cambiás;
sos un gaucho bravucón,
mas, de Dios, no te escapás;
-pero yo quiero ayudarte
pa que compongás tus cuentas;
son ya muchas tus afrentas
a Dios y a la sociedá;
es mejor que estés en paz,
cuando largués la osamenta".

Y ansí siguió, largo rato,
hablándole al corazón;
-aquél hombre medio león,
lo oía como aturdido;
-y promesó, arrepentido,
arreglar su situación.

Brochero volvió pa'l pueblo,
halagao por su conquista:
-"Jué muy grata la entrevista,
decía a toda la gente,
conmigo, jué hombre decente;
y... ya lo tengo en mi lista".

Y de entonces, con más ánimo,
lo frecuentaba al bandido;
-lo trataba al forajido,
como a potro ya domao;
-hasta que un día, rendido,
se lo trajo pa'l poblao.

Jué un cuadro digno'e verse:
al frente venía Brochero;
junto a él, el gran matrero,
detrás, los de su gavilla,
sin revólver, ni cuchilla,
mansitos como corderos.

Y aquellos hombres sin ley,
hicieron sus Ejercicios;
-lloraron allí sus vicios
y su pasada impiedá;
y firmaron armisticio
con Dios y la sociedá.

El Gaucho Seco y los suyos
para sus pagos se jueron,
y pacíficos vivieron
sin hacer ya más perjuicio;
y, de cuando en vez, volvieron
a los Santos Ejercicios.

Y aquí la historia termina
de aquel tan mentao matrero,
a quien el Cura Brochero,
por las güenas, lo amansó;
y haciendo de güen ladero,
lo ayudó a volver a Dios.


(Dibujo: Manuel Jiménez)