miércoles, 26 de septiembre de 2012

La musa criolla



Muy lindo, viejo, "El Fogón",
parejito y empilchado
con mucho pretal plateado
y bullas de pericón,
de las vihuelas al son
vibran los cantos queridos,
ésos que tienen gemidos
de los montes y las lomas
que traen silvestres aromas
entre sus versos sentidos.

Que del juncal y el bañado
cuentan historias viriles
y de los patrios pensiles
copian el cuadro encantado,
donde el paisano esforzado
luce su gracia serena,
llenando toda la escena
con la figura bizarra,
cuando canta en la guitarra
la amargura de una pena.

Los que retratan colores
del remanso y la laguna
en donde tiembla la luna
como una estrella entre flores,
ésos que tienen rumores
de la tarde mortecina
y la diana matutina
del zorzal en el ramaje,
los que saben del salvaje,
del matrero y de la china.

Los que de luchas pasadas
refieren el entrevero
en que la chuza de acero
enrojeció las cañadas,
que de hierros y domadas
pintan lances inauditos,
que imitan risas y gritos
de la esquila y de las eras
y esas risas lastimeras
de las huellas y cielitos.

Lo que susurran las hojas
bajo el sauce cimbrador
cuando gime el payador
dando al viento sus congojas,
que al compás de las coscojas
y la espuela nazarena,
van en la noche serena
volando por la llanura,
con mensajes de ternura
para el rancho y la morena.

Que siga chisporroteando
la brillante llamarada
de ese "Fogón", que llamada
está a los criollos tocando.
La guitarra bordoneando
cante en estrofa sencilla
del hijo de la cuchilla
la leyenda portentosa,
agreste, libre y hermosa
sin sonrojo ni mancilla.