martes, 24 de octubre de 2017

El petiso'e los mandaos


(Pintura: Juan Arancio)




















Pa'dir a hacer los mandaos
tengo un petiso bichoco
que va quedando de a poco
flaco como bacalao;
cuando le pongo el recao
le apreto juerte la cincha,
pega un corcovo y relincha
disparando campo ajuera
porque abajo, en la bajera,
se ve que algo le pincha.

Cuando salgo de paseo, 
causa gran admiración,
es peludo y barrigón
como ratón de bañao;
la cola se le ha pelao,
le quedó solo el rabito
y pa'espantar los mosquitos
la mueve pa'todos laos,
yo le garanto, cuñao,
¡no hay como mi petisito!

Tiene una oreja arrugada
y un ojo medio cerrao,
y el cuero tuito bordao
por lazazos y pedradas;
las manos todas peladas
porque es medio rodador,
mi petiso es un primor
cuando salgo de paseo
se vuelve puro escarceo
como sirvienta'e dotor.

Los otros días ¡caray!
juí 'hacer compras al poblao,
después que había terminao
para mi rancho volvía,
medio distráido venía
tarareando un pericón,
cuando pegó un tropezón
largándome pa'un costao
y ahí nomás quedé apretao
como pierna al pantalón.

Cuando pude levantarme
de aquél aprieto maldito,
vi que el pobre petisito
no dejaba de mirarme
y cuando quise acercarme
con fiereza se paró,
los encargues me voltió
que llevaba en la maleta:
yerba, fariña y galleta
todo, el loco me tiró.

Después dejándome a pie
se alzó como un condenao,
largándome en el poblao
sin saber dónde se jué:
por muchos laos pregunté,
nadie noticia me ha dao,
quién sabe que fin ha llevao
por esos campos solito:
mi desgraciao petisito
que tenía pa'los mandaos.
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(Tomado del libro: "Fogón de las tradiciones", tomo II, envío de Fernando Manghi y Panchito Torrilla Zaragoza).

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