lunes, 6 de enero de 2014

Milonga de Areco



Era de noche y lloviendo
junto al fogón la peonada,
el patrón Rosendo narra
su vida como de un cuento.
Yo era peoncito me acuerdo,
sentí torear a los perros,
el fatigado resuello
de la hacienda en alboroto
y el relincho de los potros
y el sonar de los cencerros.

Arrieros de mil albores,
me fuí rodando ese día
para juntar mi tropilla
de las que salgan mejores,
picos blancos, pardejones,
vizcachillos azulejos
si habrá arriesgado el pellejo
si habrá entreverado en bailes
al sur de Carmen de Areco
provincia de Buenos Aires.

Por eso hay en mi guitarra
bullicio de pulpería
y en mi voz una golilla
con un grito cimarrón,
rastrillada de un malón
que juyesen en campo abierto
una cruz en el desierto
que abrieron "las tres Marías"
con el galope azulejo
de esta milonga sentida.

Hoy estoy en mi guarida
y vivo a la que me importa,
si tiro flojo se cae,
si tiro fuerte se corta
soy lo mismo que una tarde
que va muriendo en mi boca;
por las huellas de una pampa
que aunque parezca risueña
como una res pialada
también esconde su pena.

La rueda quedó en silencio
la noche estaba lluviosa,
entre puntear de guitarra
y rasguido de milonga
se oyó chiflar la tropilla
del viejo Segundo Sombra.