miércoles, 8 de enero de 2014

Canto al gringo



Bien templao el corazón,
libres de bajas pasiones,
así fueron los varones
que fundaron mi nación.
Cuando la revolución
hizo al pueblo soberano,
se oyó de la cumbre al llano:
¡Esclavitud, te rompiste!
Gringo: desde entonces fuiste
en esta tierra mi hermano.

Gringo, que, sobre cubierta,
hizo gemir acordeones,
que aprendieron pericones,
después, en la pampa abierta;
sobre la tierra desierta
desmenuzaste cardales,
y fueron himnos triunfales,
cuando la brisa peinaba,
los que tu pecho exhalaba,
el oro de tus trigales.

Gringo: por vos se tendieron
los rieles sobre mi suelo,
por tu tesón y anhelo
mil poblaciones surgieron.
Tus brazos la senda abrieron
en la selva enmarañada,
y al terminar la jornada
como una trompa sonora,
pasó la locomotora
silbando su carcajada.

Gringo: fue la gaucha hermosa
la que te enredó en un beso,
la que te retuvo preso,
por buena y por cariñosa.
Y por la red amorosa
que con la gaucha tejiste,
a mi patria te prendiste
como si la tuya juera,
haciendo que ella te diera
todo lo que le pediste.

Gringo: al gaucho le quitaste,
con tu ejemplo, su indolencia,
venciendo su indiferencia,
a trabajar le enseñaste.
Y en su compañía hallaste
al buen colaborador,
que supo darle valor
a la tierra en que ha nacido
porque a tu lado ha aprendido
a ser cada vez mejor.

Gringo: bajo la bandera
que nos legara Belgrano,
seguirás siendo mi hermano
creador de la sementera.
Y en época venidera,
terminando ya tu rol,
ha de surgir el crisol
de mi patria, por destino,
el nuevo tipo Argentino
que marche de cara al sol.