miércoles, 8 de enero de 2014

"Las Piedras"




"Las Piedras" fue rematada,
por desdicha, hace ya un tiempo
y la cubre un sentimiento
de tapera abandonada.
No se ve la mensualada
churrasquear en el fogón,
ni relincha el redomón
sujetado en el palenque,
ni el chasquido del rebenque
al cerrar de la oración.

No se oye de madrugada
como se oyó en otros casos,
el replicar de los vasos
al salir la mensualada.
Ni el carro de la carneada
tampoco se ve cruzar.
Ahora en vez de carnear,
como esto quedó tan solo,
carne les lleva Bartolo
para el que guste comprar.

No se ve a Don Juan Rivero,
Ramirez, ni Coronel,
ni aquél alemán Miguel
que hacía de osamentero.
No se ve al loco Romero
chichonear la extranjerada;
no se ve la caballada
encerrada en el corral,
ni a los potros con bozal
después de la palenqueada.

La calandria ni el hornero
ya no cantan de mañana,
ni toca más la campana:
Juan Camaño, el cocinero.
Ni tampoco el despensero
como en otras ocasiones,
reparte ya las raciones
para todo el personal,
ni se ensilla un animal
para que anden los patrones.

No se oye más el cencerro
de la tropilla en el lote,
ni dispara a todo trote
un pingo huyendodel perro.
Ni tampoco se oye el fierro,
como antes, en la herrería;
ningún criollo pensaría
que hoy se parezca a un desierto
y que todo esto haya muerto
donde hubo tanta alegría.

Ya no vienen verduleros
de Villegas y Piedritas,
ni aquellas pasteleritas,
ni los muchachos torteros.
No se ven los parejeros,
ni sentarse a descansar
debajo de los sauzales,
ni el balido en los corrales
como se supo escuchar.

No se ven los domadores
en la manga, jineteando,
ni se ve venir arreando
los puesteros pialadores.
No se sienten los rumores
como antes en los rodeos,
ni tampoco el benteveo
donde antes tuvo su nido,
ni tampoco se oye el ruido
de las chatas el traqueteo.

Hoy con llave las tranqueras
permanecen noche y día;
esas costumbres no había,
¡no son costumbres camperas!
De "Las Piedras" verdadera,
tan sólo queda un lamento
y además un campamento
a cargo de Corvalán
y hasta los montes se están
secando... de sentimiento.



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Este verso, concertado en décimas por un aficionado, lo aprendió y se lo pasó a "Piquillín" Güiraldes, Beltrán Ledesma, de la Guardia del Monte.