domingo, 7 de abril de 2013

El rancho abandonado (Cifra)



Aún estás rancho clavado
a espaldas de la cuchilla,
donde enflora la gramilla
de cariños que he sembrado,
como solo y olvidado
nadie cuida tus rincones,
y como que entre cordones
de cardos, te veo dormir,
hoy te quiero interrumpir
el sueño con mis canciones:

Te canto rancho querido
sin reparos ni rodeos,
y con modestos gorjeos
como canta el renegrido,
para cantarte he pedido
elocuencia a la ladera
pues parece que tuviera
entre sus pastos escritos,
un padrenuestro, un bendito,
que en mi canción tradujera.

Los años van carcomiendo
todo tu techo de paja,
y a manera de mortaja
el verdín te va cubriendo,
tus paredes van cediendo
aunque no así, los horcones,
y la cocina de peones
es lo primero caído,
porque la ausencia ha sentido
de guitarras y facones.

Hoy te veo abandonado,
solo el tero te vigila
y está el galpón de la esquila
de sabandijas plagado,
yo que te vi engalanado
en tanta reunión campera,
como una ofrenda quisiera
dejarte, ya que he venido,
todo mi afecto escondido
en tu agobiada cumbrera.

Triste Nº5




Cardo salvaje


(Foto: Alejandra Cruz)

No me van a ver de traje
ni andar luciendo corbata,
de bombacha y de alpargata
ese es mi criollo linaje.
Soy como el cardo salvaje,
crecí en el campo nomás,
nunca doy un paso atrás
y se aguantar los rigores:
¡pa los amigos las flores
y espinas pa'los demás!

Soy pobre no via negar
y no es verguenza ninguna,
porque mi mayor fortuna
no es dinero pa contar.
Sólo tuve que cuidar
la herencia que Dios me dio
mi padre que la sembró,
mi madre que a luz la daba:
la plata sucia se lava
pero la decencia no.

Por eso que a mi pobreza
la llevo con dignidad,
que pa'andar con la verdad
no necesita riqueza,
porque el oro 'e la franqueza
no cualquiera la tendrá:
decencia, sinceridad,
por donde quiera que ande
y es el tesoro más grande
vivir con honestidad.

Como el cardo soy nacido,
solo pincho si me tocan,
y alguno si me provoca
¡no me caigo de un soplido!
La envidia del resentido
es un espejo del mal,
yo respeto a cada cual
que le falte o que le sobre
¡pensar que nací tan pobre
pero me envidian igual!

No me suelo doblegar
por eso he sobrevivido,
aunque el viento embrabecido
a veces me hace doblar.
Tormentas que al azotar,
me hicieron estremecer
pero debo reconocer
a pesar de mi lamentos:
¡que pueden más que los vientos,
los ojos de una mujer!

Soy como el cardo salvaje,
arisco pa'la ciudad,
me gusta la soledad
y la quietud del paisaje.
Sin secarse mi ramaje
se vuelve más blanquecino
cuando me sopla el destino
su gris negrura de tul
dejaré una flor azul
al final de mi camino.


Duelo gaucho




Salen de la pulpería
empujáos por el alcohol,
una tarde en que el sol
ya despedirse quería.
Cuando tras la serranía
se esconde su último rayo,
y sobre el inmenso playo
la noche viene avanzando
van las caña'padrinando
dos corajes de a caballo.

Uno es Tránsito Contreras,
el otro "El Indio" Morán
los que resueltos están
a medir su caronera.
El poncho como trinchera
han arrollao en el brazo,
y como a hacerse pedazo
desmontan del animal,
lejos del camino real
a una cortada de un paso.

Los mancarrones están
con las riendas en el suelo,
mudos testigos del duelo
en un instante serán.
Al asunto de Morán
primero cargó Contreras,
al írsele como fiera
a levantarlo de abajo,
el "Indio" le planta un tajo
de la oreja hasta la pera.

Ya la sangre va coloreando
la barba hasta la pera,
y volvió a cargar Contreras
igual que un tigre bramando.
El brazo iquierdo girando
mientras que el poncho amontona,
y en la lucha cimarrona
se acometen dos duelistas,
dos viejos contrabandistas,
¡el terror de aqueya zona!

"El Indio" Morán quedó
en el lugar del encuentro,
y Contreras monte adentro
malherido se ganó.
Cuenta un vecino que vió
pasar un tranco apurao,
a Contreras inclinao
sobre la cruz de su bayo,
y más atrás un cabayo
que iba siguiendo ensillao.

Por causas desconocidas
se pecharon dos corajes,
y en el encuentro salvaje
corta una daga una vida.
Luego rastreandole la partida,
buscándolo al prófugo audaz
pero cuando ya la paz
cobró el ambiente campero
tuvo el monte otro matrero
y el camino una cruz más.


 

Overo negro






Overo negro el pelo,
gaucho como una golilla;
reliquia de una tropilla
como madrina 'e siñuelo.
Lujos son de nuestros abuelos
que poblaron los desiertos;
el indio soñó despierto
con quererte manotear,
pingo que antes de aflojar
más vale se cáiba muerto.

Juan Moreira atropelló
en el montao a la partida,
tal vez se jugó la vida
sin más testigo que Dios.
Más luego se embalsamó
con recuerdos en los de altar,
hoy overo negro estás
como figura campera,
allá por la vizcachera
en la manada de Alcoaz.

Overo negro que estás
relinchando en mi palenque
pingo ahinco pa'l rebenque
no sabe aflojar jamás.
Marca líquida de Alcoaz,
mansito bien enriendao
iba como gallo asao
como si los pechos quisiera,
y se rascaba la pera
con las bolas del recao.

Patas blancas, gargantilla,
manchas negras lejo a lejos;
como tirando azulejo,
pa más seña testerilla.
De la cruz a las rodillas,
los dos encuentros chorreao
pelo que poco han quedao
y alguno que otro se ven,
son como para mi vejez...
me gusta andar bien montao.

Overo negro que ya
iba quedando al olvido,
un estanciero ha querido
que no te olvide jamás.
Se llama don Lucio Alcoaz
dueño de "La Vizcachera",
una figura campera
y criolla adentro'e los criollos,
lo he visto pialar con rollos
una yegua puert'afuera.

 Hoy creo que han entendido
y hallaron de sus manadas,
tropillas bien entabladas
de esos pelos definidos.
Poco a poco ha conseguido
varias manadas de overos;
pingo que fuiste el primero
del cacique más salvaje,
y yo vencí al paisanaje
y al inventor extranjero.


Guitarra




Guitarra:
tienes mucho de mujer.
Pareces hecha para causar pena,
y para endulzarla.
Cuando estás alegre
no dices nada;
lo mismo que una mujer que se ríe...
o que habla...
Música placentera, sin sentido; vana.

El sentimiento
te hace vibrar como a la carne humana,
y pareces un pecho
cuya emoción se saca con las manos,
y se hace sonido entre los dedos,
y sensación en todo nuestro cuerpo.

Tu queja hace sufrir, porque queda;
tu música da placer, porque pasa;
y todo es una cosa: ¡tu armonía!
Es como un beso que nos deja un ansia...

Sobre el muslo de un hombre
que te rodea el cuerpo con su brazo,
estiras el cuello
como para esquivar una caricia,
o porque dure más:
igual a una mujer cuando nos finge
no dejarse besar...

En otros tiempos,
cuando los hombres eran bravos,
solías estremecerte de gozo y de miedo
cantando...
Ahora sientes que vales mucho menos!...
Irías sin recelo
de mano en mano...
Tú ves que son muy libres las mujeres,
y los hombres muy mansos...

Ellas parece que no son de nadie,
que no tienen querencia...
Y tú, a veces quisieras
sentir que tienes amo,
y que por ti fuera capaz tu hombre
¡de clavar un puñal o dar un tajo!

12 de noviembre de 1928.

El santo del Patrón




1

En la estancia “El Cimarrón”
cuna de nuestro gauchaje
días van que el paisanaje
llega de toda región.
Es el santo del Patrón
y hay domas, yerra y cerdeada,
y ha tráido esa paisanada
¡cada chuzo coscojero,
cada tropilla y aperos
y soga bien trabajada!
2
¡Qué lazos! ¡Qué maneadores!
¡Qué bozales! ¡Qué cabrestos!
Cabezadas: que hombres diestros!
y riendas que son primores,
maneas en los fiadores,
en los pretales, y tientos,
espuelas que son portentos
de plata, otras de fierros;
el tin-tín de los cencerros
voces de criollazo acento.
3
Virolas, bombas, botones,
caronas, basto, encimeras,
estribos, bolas, sideras,
bocados, cinchas, correones,
peguales, dobles cinchones,
matras tejidas a mano,
además lucen ufanos
cojinillos, y carpinchos,
y crúzanse sus relinchos
los fletes de los paisanos.
4
¡Qué puñales! ¡Qué culeros!
¡Qué rastras! ¡Qué tiradores!
Bombillas, mates Señores,
y cuchillos verijeros,
de oro y plata, y aun taleros,
sello y labrado de Arce;
viera el gauchaje florearse
luciendo trabajos de él
¡y en verdad que ese cincel,
supo del gaucho copiarse!
5
¡Qué pilchas tráian más finas
realzando así sus aperos,
chiripas, ponchos, sombreros,
bombachas de gabardina,
botas, blusas de lustrina,
bordados y monogramas,
que fue comienzo de dramas
que terminaron en besos.
Y como andaban por eso
¡conquistaron a la dama!
6
Tropillas de tantos pelos
difícil se vuelva a ver;
¿qué gauchos la han de ofrecer
con tanto cariño y celo?
Va como olfateando el suelo
ya punteando un redomón,
y de cencerros al son
van casi marcando el paso
un moro, un zaino, un picaso,
y un “media res” con mechón.
7
Hay tropillas de tordillos,
de pangarés, y de ruanos,
manchado, overo, tobianos,
alazanes, doradillos,
bayos, moros y rosillos,
azulejos y rosados;
oscuros, blancos, pintados,
pampas, barrososo, cebrunos,
zainos, gateados, lobunos,
rabicanos y tostados.
8
Hay yaguanés y bragados,
colorados a elegir,
y si saben distinguir,
hay alazanes tostados,
bayos naranja, encerados,
cabos negros, crin flechillas,
picos blancos, testerillas,
malacaras argelinos,
tordillo oscuro, sabinos,
ancas moras, gargantillas.
9
Se ven zainos colorados
ases de la atropellada,
manos blancas y vendadas,
patas blancas y cruzados,
tordillos moros, plateados,
nevados y zainos mulos
y no es que estos sean nulos
pero son menos buscados,
por pícaros y aplicados
y entre ellos se hallan reyunos.
10
Ya en la rueda del fogón
gritan: “Que salte el jinete,
no se haga rogar al cuete
que le ha pedido el patrón”.
Y en pelo ya Don Zenón
abaraja un reservado,
que le han tráido de Bragado
pa’ divertir al gauchaje,
difícil que éste lo baje,
hoy no lo hace a ojos vendados.
11
Lo tienen los comedidos
y se enhorqueta Zenón,
gritando “larguemelón”
y sale despavorido.
Entre gritos y alaridos
le busca por las paletas
y con el anca el trompeta
se arrastra pa’ corcovear,
y el suelo le hace tocar
entre asentadas y tretas.
12
Paraliza la faena
el entusiasmo y la fama
mientras en trágico drama
se desarrolla la escena.
Recorren las nazarenas
desde el pescuezo al ijar,
es un juego verlo hachar
jineteando “a lo lechuza”.
De abajo arriba lo cruza
tanto que lo hace bramar.
13
De pié está la paisanada,
y nadie opiniones suelta,
va corcoveándole a vueltas
y de repente a sentadas,
se escucha una carcajada
y es que habla el fogonero:
“Montar lo he visto un overo
enancao cara pa’ atrás,
con Juan Luis, el capataz
en la Estancia “El Matrero”.
14
Un paisano muy mentado
va siguiendo la función
de cerca, en un redomón
hermoso, bayo tiznado!
Habiendo el gaucho triunfado,
grita entre ademanes francos:
“-No soy negro ni, soy manco”
y le echa el talero al tuse:
¡cae el animal de bruces
y el jinete sale al tranco!

               (Pintura: Rodolfo Ramos)                         

(3/1957)

La tropilla de Secundino



-"¿Pa dónde va Secundino
con esa hermosa tropilla?";
-"Pa la estancia "La Espadilla"
sino es que le erro al camino.
-"Pero ese bayo divino
que lleva montao de rienda,
no quiero que  usted se ofenda,
pa mí que es su mejor caballo
y a usted si no lo desmayo
si digo que me lo venda".

 -"Tiene razón usted, hermano,
no pienso venderlo al bayo;
pero si quiere un caballo
le puedo vender el ruano;
o si le gusta el tobiano,
pingo bueno y de confianza,
sino el colorao que avanza
pa'andarlo doy garantido,
o aquél alazán sumido
medio levantao de panza".

-"Yo quisiera Secundino
el tostao cola torcida,
-"Pero ese es mala comida"
y le marqué el mal destino.
"Yo le aconsejo el sabino
que mira atrás del lobuno,
o si le gusta el cebruno
no va ser tan mal caballo,
¡mientras no me eliga el bayo
no me caso con ninguno!".

-"En su tropilla entablada
tiene muy lindos caballos,
pero a mí me gusta el bayo
por su pelo y por su alzada".
-"No me ponga en la estaqueada,
hablando de esa manera,
yo le di pa'que eligiera
de mi tropilla un caballo
pero le aclaro que el bayo
será mío hasta que muera".



El criador de los overos





En el campo "Las Taperas"
relucían las manadas,
con un montón de padrillos
y más de cien yeguas blancas.
Tenía en su establecimiento
allí don Gregorio Gándara,
en donde el pelaje overo
como por arte de magia,
le daba brillo a esos campos
y algunas buenas ganancias.

Vendía overos de dos años
pero antes los castraba,
porque tenía la avaricia
que todos muenten su marca.
Llegó a tener Don Gregorio
una populosa fama,
que fue envidia entre el gauchaje
de cincuenta leguas largas.
Por la hermosa variedad
de overos que él hacía gala.

Donde había una yegua overa
o donde había una potranca,
se iba con dos o tres potros
a tratar de negociarla.
Siempre salía con la suya
hacía ofertas con audacia,
y si por ahí a un paisano
la oferta no le era grata,
lo llenaba 'e maldiciones
hasta morirse de rabia.

Tuvo ofertas por padrillos
de cifras incalculables,
de potentados patrones
que envidiaban su pelaje.
A mas de overos oscuros
había entre sus animales,
preciosos bayos overos
con overos alazanes,
zainos overos, rosados,
y azulejos ejemplares.

Llevaba un cebruno overo
al boliche por florearse,
y hasta a veces con tropilla
caía en alguna tarde.
Y pa'una fiesta rosista
que hicieron en Buenos Aires,
ha presentao Don Gregorio
pa'que todo el mundo hable
una tropilla de yuntas
de overos que era un pisaje.

-"Al moro bronceado overo
 no hay leguas que me lo aplaste".
Solía decir entre copas.
"Ni plata que me lo pague
y a los tordillos overos
a cualesquieras que saque
pa'salir con una tropa:
ahí verán pingos que valen",
y al calentársele el pico
ya no había quién lo aguante.

Tenía la costumbre vieja
de lucier con sus overos,
unos lomillos antiguos
que usaba en cualquier momento.
 Rastra de los federales
con seis patacones viejos,
un tirador escamao
de monedas que era un sueño,
y un par de estribos gauchones
de los braseros de fierro.

Pero yendo a su persona
desde el poncho hasta el pañuelo,
eran un montón de hilachas
lo mismo que su sombrero.
Un pantalón con un saco
que por lo sucio hacían juego,
unas botas embarradas
y una camisa en deshecho,
era como Don Gregorio
vestía siempre su cuerpo.

Pero cuando el viejo criollo
al fin dejó su esqueleto,
la familia echó a remate
todo el establecimiento.
Las yeguadas, los padrillos,
todo se pasó a otros dueños
que siguieron con las crías.
Y hoy, a través de los tiempos
anda el alma 'e Don Gregorio
en cada caballo overo.


(Dibujo: Rodolfo Ramos)

sábado, 6 de abril de 2013

Domador envejecido


(Dibujo: Lauren de Bacco)


Sobre un "bayo" de penacho
lindo de ancas y de lomo
“Es el último que domo
-me decía el paisano Cacho-,
empecé desde muchacho
con bocas para ablandar.
Mi oficio ha sido domar
y mi saber se acrecienta,
pero ayer cumplí cincuenta,
es hora de abandonar.

Treinta y seis años andando
arriba de los baguales
no son dolores casuales
los que me están molestando.
Por forzarme tironeando
suelo dormirme sufriendo.
El tiempo pasó corriendo
y como es ruda mi ciencia
lo que gané en experiencia
en fuerzas lo fui perdiendo”.

Tenía razón el paisano
conocedor de la pampa.
Lo reflejaba su estampa
de domador veterano.
Más de uno confió en su mano
pa’ que le amanse un bagual
en su trabajo rural
aunque pasó algún apuro,
ni por malo, ni por duro
¡jamás! largó un animal.

También decía al conversar
de las cosas de la vida:
“La vejez es una herida
que nadie puede curar…
la doma voy a dejar
¡si cuesta creerlo, canejo!,
ayer, un pingo azulejo
entró a tirar sacudones
y al apretar los garrones
me convencí que estoy viejo”.





(Dibujo: Julián Althabe)