jueves, 6 de noviembre de 2014

Los mensuales

(Pintura: Alberto Güiraldes)

En estas mismas estancias,
en otro tiempo pasao
no cortaba el alambrao
la vista hacia la distancia.
Mensuales con arrogancia,
de facón a la cintura,
poblaban esta llanura
muy cruda pa los puebleros
bajo la luz del lucero
que les brindó su ternura.

Hoy todo aquello ha pasao,
se lo llevó el tiempo lerdo,
solo queda en el recuerdo
de los criollos que han quedao.
Hoy día lo ha suplantao
el nuevo establecimiento,
pero, hermanos con el viento,
continúan los mensuales
animando a los trigales
con sus viriles acentos.

Recorriendo los potreros,
curando un agusanao,
arreglando un alambrao
o destetando terneros;
ciñendo torniqueteros
o jineteando baguales,
trabajando en los corrales
sin estropiar los pingazos
y entre el zumbar de los lazos
cuando se tiran los piales.

Por eso los payadores
les dan su verso sentido,
porque esta tierra ha crecido
regada por sus sudores.
Porque esos gauchos señores
van prodigando riquezas,
sin que conozcan promesas,
sin que naide los almire,
sin que ninguno suspire
cuando vuelquen la cabeza.

Son de ellos el sol, la luna,
el canto de la torcaza,
el viento que suave pasa
besando los pastos puna.
Por ellos hizo su cuna
en las guitarras camperas,
la milonga fogonera
que va narrando su historia
para el eterna memoria
de progenies venideras.