martes, 5 de agosto de 2014

La fiesta de Santa Rosa




Cornetín del cuartiador,
aspa overa de novillo
que ha trabajado a cuchillo
un mayorengo cantor,
tu redoble anunciador:
¡tararí!... ¡tarí, taría!
dice que viene el tranvía
pa que el carrero porfiao,
haga los tungos a un lao
y deje libre la vía.

Mas también mi guampa vieja
tiene un pique llamador,
para cantarle al amor
los motivos de su queja,
porque llegando a la reja
donde vive mi chinonga,
una llamada rezonga
y se abren los corazones
pa que dentre la milonga.

Desde la misma cocina,
la china, lo más coqueta
oye sonar la corneta
y el repique la domina;
deja platos en la tina,
cruza el patio alborotada,
de una meceta colgada
corta un botón de clavel
sale a la reja con él
y lo tira a la pasada.

Ahí va... de mi amor un gajo;
pa que te acordés de mí,
yo extiendo la mano así
y en el aire lo barajo,
de la solapa en el tajo
lo ensarto con intención
y al reventar el botón
con su mancha colorada,
parece una puñalada
abierta en el corazón.

¡Hasta más verte, alma mía!
dijo volviendo la jeta.
¡Y al adiós de la corneta,
tararí, tarí,taría!
sigo cuartiando el tranvía
y apurando el mancarrón
que me golpea en el pecho,
que comprende la intención
¡hasta subir el repecho
y llegar a la estación!



(Foto: Tranvía a caballo por el barrio San Viciente a fines del siglo XIX)