lunes, 17 de diciembre de 2012

El hombre malo


(Pintura: Gustavo Solari)

Echao contra el mostrador
teniendo una copa al lao,
un hombre, mal entrazao
y forastero, pa pior.
Cruzándole el tirador
un facón de media vara,
llevaba escrito en la cara,
juntando sus expresiones
un montón de trompezones
pa que naides, se acercara.

Traiba el caballo cansao,
quién sabe de ande venía,
y aunque a naides conocía,
le tejieron un pasao.
Era aquél hombre, mentao...
Peliador y camorrero...
mal pagador... ventajero,
y no tenía condición,
ni pa trabajar de pión...
por eso se hizo cuatrero.

Había cerquita una yerra,
ande cada uno lucía
la habilidá que tenía.
¡Costumbre de nuestra tierra!
Ande cada hazaña encierra,
un lujo de arte campero.
Hasta allí fue el forastero
pa demostrar condiciones,
con permiso 'e los patrones,
solito, sin aparcero.

Ya estuvo en una jugada
ande lo habían provocao,
pero él se arrolló obligao
lo mesmo que pata asada.
Cruzao de brazos pa nada
quiso sacar el facón.
Desconcertando al montón,
con esa serenidá,
que resultó a la verdá
una güena condición.

¿Peliar? ¿Pa qué? -le decía-
se van a mellar los fierros,
pa peliar están los perros,
pa los que no hay polecía.
Si yo dentro a una porfía,
no es para mostrar mi facón.
Y no me achico al montón,
ni a cabrestiarles me avengo,
sobre todo cuando tengo
de mi parte la razón.

Juntito al fogón se hallaba,
el hombre malo del cuento,
ande un chiquitín atento
un cimarrón le alcanzaba.
Sobre las brasas, la pava
estaba como seseando
y áhi cerquita, festejando
la habilidá'e la pionada
cruzaba la carcajada
el aire, como volando.

De repente, del corral,
sale un toro hecho una fiera,
atropella puesta ajuera,
corneando el bravo animal,
y fue un grito general
cuando enderezó al fogón.
El gaucho sin dilación
levantó el chico asustao...
y allí murió destrozao
por tener güen corazón.

(Pintura: Miguel García Sáez)