sábado, 3 de mayo de 2014

Trenzas de plata




Quiero trenzar una trama
con trinos, flores y sueños
y del mundo ser el dueño
pa'ofrecérselo a mi Mama.
Y ya encendida la llama
de mi nostalgia madura
perderme por la espesura
y a ponchazos abrir huella
y así llegar a esa estrella
que es todo amor y dulzura.

Lo que fue sol y fue cielo,
hoy se está volviendo sombra,
su blanco vuelo de alondra
vistió de luna su pelo;
en su mirada hay un velo
que viejas luces reclaman
todo un ayer que se inflama
p'acariciarla a su antojo,
y al emponcharla mis ojos
veo sin hojas sus ramas.

Lo que fue flor mañanera
hoy ya se está marchitando,
su tallo se va secando
sin sentir la primavera;
el invierno que no espera
hace noche en su regazo
y al sentirme entre sus brazos
parezco un pichón herido
que teme caer del nido
donde nunca hubo un ocaso.

 Lo que fue horcón y cumbrera
lo están venciendo los años
y al contemplar el rebaño
que acunó en su madriguera,
se viste de primavera
y con su luz engalana,
y acariciando sus canas
se pierde al tranquito lerdo
porque mi Mama es recuerdo
es presente y es mañana.


viernes, 2 de mayo de 2014

Huella, huellita



En el cerro está nevando
La senda ya no se ve
Pero tengo buen caballo
No me he de quedar de pie.

Huella, huella, huellita
Mi colorau...
Ya no me queda nada
Todo lo he dau

Huella, huella, huellita
Del corazón
Alúmbrame el camino
Que ya me voy...

Estos fríos nunca matan
Tampoco mata el dolor
Rigores ya no me asustan
Se andar solo y sin amor.

Huella, huella, huellita
Mi colorau...
Ya no me queda nada
Todo lo he dau

Huella, huella, huellita,
Del corazón,
Alúmbrame el camino
Que ya me voy.

Huella del río (Huella)



A la orilla de un río,
dejé un amor

y como no era firme,
se lo llevó.

 A la orilla de un río
dejé un querer,
vinieron las crecientes,
no pudo ser.

En las playas del río,
dejé mis rastros,
por ver si perduraban,
triste fracaso.

Por las senda del agua,
busco tus huellas,
que se va con las nubes
y las estrellas.

A la huella, huellita,
huella del río,
que me haré sino alcanzo
lo que persigo.

En el centro de tu alma,
planté un amor
y por falta de riego
se me secó.

Descuidaste las flores
que te brindé,
fueron playas de olvido
las que sembré.

Vida tan solitaria
la que padezco,
persiguiendo quimeras
que no merezco.

Persiguiendo la estrella
de mi ilusión,
casi pierdo la huella
de mi razón.

A la huella, huellita,
huella del río,
que me haré sino alcanzo,
lo que persigo.

Por el gusto de cantar




Porque me gusta cantar
a la tierra que he nacido
le dije "¡Quiero!" al envido
hoy cartas hay pa jugar.
Nunca me supe pasar
del patio pa'l otro lao
y estando de convidao
con el respeto pa todos,
ya desembucho a mi modo
lo poco que he cosechao.

Canto por una razón
que pa mí es la valedera,
sacar del pecho pa'fuera
lo que manda el corazón.
Cuando oigo una vibración
de una guitarra sonora,
sale mi voz como ahora
recordando lo pasao ,
es el único legao
que en mi alma se atesora.

Yo canto para nombrar
al gaucho que es nuestra gloria,
a los hombres de la historia
y al paisaje del lugar.
A ésta pampa que al pasar
su vista nada le iguala,
a los ojos le regala:
rancho, tropilla, laguna
y por las noches de luna
que se cuela entre los talas.

Le canto al criollo campero
que se enhorqueta a un bagual
o aquél que tirando un pial
da contra el suelo un ternero.
Al arador tempranero
que su reja no mezquina,
al que alambrando caminos
o hace estiba en los galpones
porque con esos varones
se hizo grande mi Argentina.

Por eso canto gustoso,
aquí y en cualquier lugar,
sin pretención de alcanzar
a otros cantores famosos.
Aunque no soy pretencioso
en mi deseo se aferra
que nunca la suerte perra
me corte el hilo'e la voz,
¡solo eso le pido a Dios
para cantarle a mi tierra!






Fiesta Negra



Era muy negra la noche
en que se casó María
con un negro que tenía
pintao de negro su coche,
negro también era el broche
que a la fiesta le pusieron
y hasta de negro tiñeron
las paredes y las sillas,
y negras eran las morcillas
que en la mesa se sirvieron.

Eran negros los amigos 
que a visitarlos vinieron
y negros los que salieron
de padrinos y testigos;
bien negro tenía el ombligo
la tal negrita María
y un negro que la seguía
agarrándole la cola:
más negras tenia las bolas
que en el llavero lucía.

En copas negras brindaron
con vino negro tambíen
y con un negro sartén
un negro tambor formaron,
los novios negros rajaron
en medio de la alegría
y la negra que veía
ya media negra la cosa,
se puso un poco nerviosa
y el negro le sonreía.

Y dentro'e la habitación
que el negro había preparao
y otro negro había forrao
hasta de negro el colchón
pero con negra intención
el negro se desnudó
y la la negra que lo vío,
ya adivinando la trama...
y alrededor de la cama
toda la noche corrío.

Los agarró al otro día
la negra seguía corriendo
el negro la iba siguiendo
y la negra no quería,
pero con negra maestría
el negro la convenció
y cuando ella se acostó 
ya sin temor a los suegros
hicieron cosas de negros
y esta fiesta terminó.

M' hijo quiere ser cantor



M'hijo quiere ser cantor
y ya tiene una guitarra,
capitalito de sueños
principio de una esperanza,
comienzo de risa y llanto,
sonora caja del alma,
 compañera de caminos
que no sabe de distancias.

M'hijo quiere ser cantor
y no sabe que el que canta
empieza a sufrir el canto
y a caminar madrugadas.
Que encontrará en el camino
huellas que suelen ser bravas
y a causa de las distancias
se sufren ausencias largas.

M'hijo quiere ser cantor,
herencia que trae mi raza
desde aquél abuelo gaucho
que por no llorar... cantaba.
El fue sembrador de versos,
mensajero de palabras,
arreando tropas ajenas
o peonando en las estancias.

M'hijo quiere ser cantor,
tal vez el tiempo le traiga
una conciencia de pueblo
y le cante al que trabaja,
entonces podré decir
que tiene el alma paisana
y me sentiré orgulloso
de haberle dao mi guitarra.





jueves, 1 de mayo de 2014

Ande están los payadores? (Milonga)





Las razas se misturaron
y un nuevo espíritu hicieron,
los payadores se jueron...
cuando de cantar dejaron.
Las costumbres se cambiaron
de un tiempo que fué mejor.
Y hoy cualquier macaneador
que pa vivir larga un grito,
porque acierta en un versito
¡ya se llamó payador!

Yo conozco payadores
que agatas saben hablar
y que se las quieren dar
muchas veces de dotores.
Dicen ser educadores
sin yegar a comprender
que se precisa saber
pa que se pueda educar
y que el que quiere enseñar
antes tiene que aprender.

A la guitarra campera,
le hizo su nota perder
cantando como mujer
un payador de galera.
Que pa lucir las caderas
se viste bien ajustao,
y como es muy delicao,
pa que al soplar el pampero
no le haga daño en el cuero,
lo yeva siempre empolvao.

Hay cantores delicaos,
que en sus cantos provincianos
me parecen italianos
que gritan amontonaos
de a dos o tres apareaos
y formando así un montón
dan comienzo a la canción
mientras grita uno finito
el otro larga su grito
como bajo de acordeón.

Y las guitarras se quejan,
así como protestando
contra los que están cantando
y sin dulgura las dejan.
En las notas que se alejan
se va como ahogao el yanto
porque áhura es áspero el canto
y con él solo se alcanza
lo que precisa la panza
pa que no amuele el quebranto.

Ya el poncho, las nazarenas,
la barba negra y cerrada,
la vincha en la frente atada
pa sujetar la melena;
el payador que la pena
mataba del corazón
con su sentida canción
se va borrando despacio,
¡como reemplaza el palacio
al ranchito de terrón!

Todo en la vida se acaba
y por eso del camino
se jueron Trejo, Gabino
Cazón y don Juan de Nava.
Es que la guadaña brava
con eyos hizo un montón
y ansina se le jué el son
que la guitarra tenía
¡cuando el viejo De María
la templó junto al fogón!

¡Payadores! Yo me entrego
muchas veces a pensar
porque así se hacen yamar
cocoliches o gayegos,
de esos gritones reniego,
porque ni la sombra son
de las que junto al fogón,
cantando, daban coraje
al valiente paisanaje
que hizo libre a mi nación!



 


Puesteriando en el día de lluvia


Me encontraba en el galpón
en un banco de cadera
costureando una encimera
y bien cerquita el porrón.
Insistía un chaparrón
amagando a temporal,
el tiempo entró a juguetear,
desparramó las cenizas
¡Malhaya! con esa brisa
que se ganó a curiosear.

Anda juerte el aguacero,
del este cruza al galope,
y la tropilla va al trote
pa los fondos del potrero.
Está quietito el nochero,
el anca pa'l lao del viento;
yo voy sacando otro tiento,
linda lonja el colorao...
Mi pobre perro mojao
tirita que es un contento.

Hasta el gallo se ha ganao
con sus chinas al galpón,
y ya tuvo una cuestión
con el 'pimeo' chorreao.
El ternerito ha balao
por el frío en el chiquero,
está cantando el hornero
¡jué pucha que lo tiró!
si no escampa, creameló,
mala pilcha el aguacero.

Yo puestero acostumbrao
a estos campos, medio bajo,
conociendo los trabajos
me preparo el encerao.
Viejón bastante achacao
los años marcan su paso,
el agua es otro lazaso
al potrero va pegando,
los gansos vuelven tranqueando,
la tarde ya se va al maso.

Ansí estaba en el galpón,
cuasi con una rutina
cuando dende la cocina
algo llamó mi atención:
¡un olor a chicharrón!
dejé todo y ya rumbié
a mi china la econtré
friyendo unos pastelitos,
y me dijo despacito:
-"Mi paisano, sírvase".

¡Qué encimera ni aguacero!...
en sus labios me pialé
tuitas las penas maté
cuando chilló el clavijero.
Canté un estilo campero
que dende mozo sabía,
la Juliana sonreía
y hasta pensé en la ocasión,
"animal sonso el varón:
¡mañana será otro día!".


(Pintura: Molina Campos)

Chacarero y payador

(Pintura: Rolando Manavella, "Arando con bueyes")
Yo nací allá en San Ramón,
donde fue mi hogar primero
como el nido del hornero
hecho de paja y terrón.
Dejé desde muy pichón
aquel hueco paternal 
y azotado por el mal
rodé por sus aledaños
y con menos de diez años
me conchabé de mensual.

¡Qué triste cuando se deja
el pago tan gurisito...!
¡Pobre de aquel pichoncito
que de su nido se aleja!
Yo en el llanto de mi vieja
templé mi tierno coraje
y cuando emprendí mi viaje
un parcito de alpargatas,
muy humildes y baratas,
eran todo mi bagaje.

Así empecé a trabajar
de sol a sol sin descanso,
tras de una yunta de mansos
que me enseñaban a arar. 
Si habré visto agonizar
a los horizontes rojos;
si habrán llorado mis ojos
con el rigor de la helada
sobre mis piernas paspadas
por las cañas del rastrojo.

Chacarero adusto y grave
fui de gurí sin apronte,
pero me llamaba el monte
con el canto de sus aves. 
Cadencias dulces y suaves
con mil variadas escalas, 
fueron poniéndole gala 
a mi pobre inteligencia...
No se queda en su querencia
quien ha nacido con alas.

Por el tiempo y el destino
que la vida nos tutela
con un rumbo de vihuela 
sigo abriéndome camino. 
Se ha de cumplir el destino 
que me deparó el Señor,
pero que orgullo mayor
es haber sido primero
un humilde chacarero
antes de ser payador.

El último pial

(Fotos: René Burri)


Tal vez por haber venido
de algún criollo antepasau,
salí bastante avispau
pa’ revolear el torcido.
Entre muchos fui tenido
como un picaflor certero,
y en el ambiente campero
ni bien las yerras llegaban,
los patrones se peleaban
pa’ convidarme primero.
Sin hacer distingo alguno
de corral o puerta afuera,
tumbé manadas enteras
con otros tantos vacunos.
Yeguas, potros y torunos,
padrillos de crin volcada
al toparse con mi armada,
atestiguarlo me atrevo,
¡quedaban mostrando el cebo
como cuzco en tierra arada!
Entrando un poco en detalles
y hablando de piales puros,
era pa’l golpe seguro
como rodada en la calle.
Una vez a un tal Lavalle,
criador de criollos lobunos,
en el momento oportuno
que quiso probarme el filo,
le agarré “dieciocho” al hilo
sin que se zafe ninguno.
Tenía un lacito cortón
entrador y silencioso,
que era pa’ mi de goloso
como el queso pa’l ratón.
Con él en una ocasión
que era pión de un tal Arriola
porque no me daba bola
la menor de las muchachas,
le quebré una oveja guacha
y me pelaron la cola.
Cada vez más ponderau
por patrones y mensuales,
anduve por mil corrales
con mi lisito mentau,
sin darme cuenta, encelau,
que descuidaba mi hacienda,
la cosa fue que mi prienda
por ligerona y despierta
al ver la tranquera abierta
buscó el campo a media rienda.
¿Ande te irás orejana?
le grité y armé con torta,
que si el tiento no se corta
aquí te espero mañana.
Le tiré con tantas ganas
que de angurriento la paso,
y pa’ aumentar mi fracaso
en mi tiro más maleta
le agarré media paleta
y se me fue con el lazo.