domingo, 3 de noviembre de 2013

Manso de abajo

Bastante manso de abajo,
¡lindo potro clina clara!,
ruano alazán malacara
como hecho para el trabajo;
un tal "Choique" me lo trajo
diciéndome entusiasmao
qu'él ya lo había palenqueao
pero que necesitaba
que yo que domando andaba
se lo entregara enriendao.

-"Déjemelo nomas don",
le dije en un tono manso
que yo mismo se lo alcanzo
en cuanto este corrientón
y el día qu'en un limpión
con mi hermano lo ensillé,
después que lo galopié
le comenté sin gambeta:
-"No me gusta este sotreta
por más que manso se ve".

No quiere ni galopiar
y trotea como alunao
mirándose los costaos
con ganas de corcovear.
Para mí que va'arrancar
en la menor travesía
pero el asunto sería
que no me sacara mal
después que se parta igual
el resultado se vería

No lo podía tirar
porque apurao no avansaba,
a los perros los pateaba
y a los montes ni que hablar.
Pero un día al galopear
en un quemao hecho senda,
medio lo cimbré en la riendas
y me le largué p'atras,
pegó un grito y ahi nomás
me declaró la contienda.

En el primer arrastrón
me le quedé con las patas
apretando, pero a gatas
un tobillo en un corrión,
las riendas como un chambón
de un viaje me las corrió
despues mucho corcoveó
y con el tiempo pensé
que de lástima tal vez
esa vez no me volteó.

Otra vez ya más andao
atajando unos capones,
al saltar unos zanjones
volvió a hacerse el asustao;
esa vez sobre el recao
solo me quedé de suerte
ya que domar no es la muerte,
a mi hermano le contaba;
que si el ruano corcoveaba,
¡corcoveaba pero fuerte!

Yo había empezao a creer,
que en cuanto mal me sacara
aquel ruano malacara
capaz me iba a perder.
Y Ponciano al entender,
de esas cosas campechanas
me decía entre jaranas:
-"Se hace el loco y es capaz,
si vez que te le achicás,
de comerte la picana".

Y ansina nomás sucedió
un día entre unas jarillas
que iba arriando la tropilla
de la cola se asustó.
No se si le aguanté dos
saltos al alazán ruano,
caí como bolsa'e grano
y tuve que andar después,
como tres leguas de a pies
con el rebenque en la mano.

Esa es la lucha que expande
al mas humilde mensual,
de no dejar que un bagual
lo voltée en los campos grandes;
esto lo entiende quien ande
o sanconchando haya andao
sin padrinos y alambrao
que los puedan socorrer
donde no hay más que aprender
que a defender el recao.