miércoles, 20 de noviembre de 2013

Me voy del pago, me dijo.



Me voy del pago me dijo
acá hay tiempo pa hacer nada
lo que junté en estos años
es no tener esperanzas.

Quisiera que este disgusto
que le atrancó en la garganta
trate de disimularlo
y no se lo pase a mama.

Ella está desde hace tiempo
sabiendo lo que me abraza
y cada vez que me habla
pone miel en la palabra.

Ella tiene la costumbre
de adivinar lo que pasa
cuando me ve pensativo
o cuando esquivo mirarla.

Sabe que tiro las riendas
tan solo pa no dejarla
y hay un ruego en las coyundas
de sus manos apretadas.

Que me dicen en silencio
niño mío... ¡no te vayas!
y se le seca la boca
y se le yelan las lágrimas.

La he visto rozar mis pilchas
con su dedito de plata
y apretar contra su pecho
aquella camisa blanca.

Que me hizo pa los domingos
mientras con usté matiaba
¡cada botón era un beso
pal ojal de mis mañanas!

Yo sé que ella está sabiendo
desde hace rato mis ansias
de rumbiar pa cualquier parte
ande sacarme las ganas.

De ver que hay en otro lao
de hallar trabajo y cansarlas
a estas manos que tan sólo
de cortar yuyos se encayan.

-"¡Me voy del pago!" me dijo
y me revolqué en la rabia
de acordarme de aquel día
¡que yo me fui de las casas!

También como en esta vez
no cantaba la calandria
y la tarde tenía "augeros"
como tordos en bandadas.

Fue un rojo día de enero
donde el sol se transformaba
en poncho de fuego y aire
ande ardían las chicharras.

Yo no tenía caballo
me fui patiando las ramas
que caían a la orilla
de un viejo cauce sin agua.

Y cuando miré pa atras
ya no vi ni las acacias
ni el sauce ande alguna vez
desperecé una guitarra.

-"Me voy", dije yo también
igual, el tono y las ansias
de quedarme un poco más
igual que él... igual quel Tata.

La vida pega la vuelta
redonda y disimulada
hasta el último ¡me voy!
¡que nada sirve pa nada!.

-"Me voy del pago!" me dijo
y me revolqué en la rabia
de acordarme de aquel día
¡que yo me fui de las casas!