jueves, 23 de abril de 2009

La senda



Mírela... se arrastra siempre
del alero a la puerta,
Dios sabe cuando uno pasa
que es lo que le pasa a ella.
Denguno la oyó quejarse
ni supo si sale o dentra,
si cose o corta lo yuyos.
Si se arrima hasta mi puerta
o es que ha salido del rancho
a recibir la tranquera.
Cuando yo llegué, no estaba;
me pasé la vida abriéndola!
Mientras yo di veinte años
dió veinte pasos la senda!
Llega al patio y se está horas
echada junto a la puerta;
ni bien se distrae el rancho,
la pobre se arrastra y entra.
Parece que ella juese distinta
y el diferente juí yo sobre ella.
A ucasiones, me llevó con tranco'e perro;
u otras, con ondulao de cruceras.
Tan pesao de corazón, a veces;
que al pisarla, se abolló mi senda...
Y esos pozos se le abren en charcos
siempre que hay tormenta...
Una vez la pasé a tranco'e pollo:
cuando vine con Pancha'e la iglesia!
Otra cuando ella se me puso grave,
la crucé a toda carrera...
Y otra vez, al paso... al paso
y esa vez, qué larga era!
Y cuando golví del camposanto
yo era una cruz
y se la echó al lomo mi senda,
Cuánto te ha pisao, amiga!
Pero pa quedar a mano, cuando muera,
te viá pasar por encima, sin pisarte
pa que no te duela.
Ese día vamos a dir acostaos juntos,
del alero a la tranquera...
y dispués nos borraremos a un tiempo
el caminante y la senda!

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