jueves, 29 de septiembre de 2016

Siempre se apriende


(Pintura: Molina Campos)

Hasta el lobuno he’nsillao
y se me larga a llover,
¡con lo que tengo que hacer
que tiempo más desgraciao!
Pero si Dios lo ha ordenao
le tendré que cabrestiar,
¡que me voy a retobar
si el cielo no tiene agujeros
donde meterle los dedos
pa’ que deje de gotear!

¡Aura si!, con esta leña
y algunas charamusquitas,
mi viejo fogón palpita
y en calentarme se empeña;
de mi voluntá se adueña
las ganas de no hacer nada
y me ayuda la encordada
con que mi mano trompieza,
pa’ asujetar la tristeza
que viene de atropellada.

Ya que la tengo abrazada
tan mansa y tibia la siento
que casi me hayo contento
que el tiempo haga esta jugada;
en su música embretada
queda mi melancolía
y toda la vida mía
desfila de a remezones,
como si arriara en sus sones
las tristezas y alegrías.

El rencor o la amistá,
lo bueno como lo malo,
la mezquindá o el regalo,
el amor… la soledá…,
odio, perdón y piedá
se mezclan en el izquierdo,
y al rastriar, el tiempo lerdo
toda la vida empareja,
como pa’ tapar las quejas
que nacen de los recuerdos.

¿Me estaré poniendo viejo
que al sentimiento le aflojo?
Él me maneja a su antojo
y yo, dominar, lo dejo.
Estos recuerdos añejos
que el mal tiempo me ha traído,
casi los he bendecido
aunque en antes renegué,
por eso aura pienso que:
¡gracias a Dios, que ha llovido!