viernes, 17 de enero de 2014

Molino de la tapera (Cifra)



Ayer brilló tu figura
cuando el sol te acariciaba,
los vientos que te golpeaban
se hacían canto en tu altura,
en mi memoria perdura
aquella plateada estampa,
herguido como una guampa
y firma cual centinela,
eras una escarapela
sobre el pecho de la pampa.

En tu armazón de ruido,
chapas y fierros doblados,
todo el ayer se ha quedado
pa'hacerle frente al olvido,
sólo un pájaro ha querido
demostrarte su amistad,
y en lo que fue la mitad
junto a un caño retorcido,
un hornerito hizo el nido
p'alegrar tu soledad.

Vas muriendo en el olvido,
los vientos te doblegaron,
y los años te dejaron
triste, arrumbao, abatido,
ya no se escucha un chirrido
de los que'nantes tuvieras
y solo a tu lado queda
ese tupido cardal
que asiste a tu funeral
molino de la tapera.

Restos de la Pampa



(Dibujo: Justo Errecaborde)

Un manto de cebadiya
está cercando la loma
que oculta su policroma
entre un malón de castiyas.
Hay un hombre en la gramiya
quebrao por una rodada
y la vidriosa mirada
muestra que’l dolor es tal,
…¡si mirando el animal
no hace falta ver más nada!

¡Arrancó con el bozal
tierra, raíces y pasto
y con la punta del basto
dejó un surco colosal!
-Cuánto riesgo por un rial
y comer una picana-…
pa’ pior, la pluma liviana
y comienza el “Turco” piyo:
“que’s época de martiyo”
y que “va’umentar mañana”.

Mudo el campo. La esperanza
de que cruce algún paisano
es un consuelo lejano,
un puntito en lontananza.
Mientras que la noche avanza
con paso sentenciador
puede ver el boliador
que la luz del nuevo día,
la apagaba… o la encendía
la mano del Salvador.

Tal vez montó con esfuerzo
el gaucho de mi poesía,
de saberlo: la alegría
estreyaría este verso.
De cualquier modo el reverso
de estas décimas descampa
una peligrosa trampa,
que puede costar la vida,
cuando el coraje convida
en los restos de la pampa.

Brasa'e pucho



Amolao de las retinas
me voy quedando de a poco
y he de andar medio bichoco
en horas que’stán vecinas;
pues… quedaré en las cocinas
como pa’lgún relanceo
que anque’s poco lo que veo
‘tando los ojos ñublao,
mirar… mira el del costao
a juzgar lo que apreceo.

Y en verdá se ve destinto
cuando mirar se procura
…que se ve cada lindura
que ni con palabras pinto!
Por costumbre le requinto
el ala gacha’l sombrero,
y mirando pa’l potrero
devisando, como en antes,
se vienen a mi arrogantes
las andanzas de campero.

Y golviendo pa’l fogón
ande está el mate’nsiyao,
rumbeo en el encordao
los sones de un pericón,
me hace buya el corazón
y hay un flamiar de bandera
yenándome la moyera
patriótico regocijo
de “Fiestas Maya”, colijo,
que’n el poblao, antes viera.

¡Santo Dios… p’ande rumbió
mi pensamiento matrero!
(Ganó el campo y a lo tero
ande vido algo, gritó)
Pero… ¡tá que lo tiró!,
¡que ganas de cavilar!
si anque mermao el mirar
aún me doy maña pa’ mucho.
(Soy como brasa de pucho
que’s poco, y sabe briyar…).

12/05/1992, en el 71 aniversario del natalicio de mi padre

miércoles, 15 de enero de 2014

Payador (Poema criollo)



a José Curbelo y Roberto Ayrala

Si yo digo la Patria cuando canto
no digo el sol egregio,
no digo las banderas tremoladas,
ni su trazo de cóndores en vuelo;
ni el peñón angular de tierra arada,
ni el patrimonio cardinal del cielo.
Si yo digo la Patria
cuando canto
y la Patria es palabra y sentimiento,
yo digo Payador;
yo digo padre
del canto popular con fundamento.

Porque la Patria
no se funda con sangre solamente,
ni se forja a fusil y a bayoneta,
ni se adorna con cienta azul celeste.

Porque la Patria
es más que el surco virgen y la espiga,
más que el tendón de acero en los talleres,
más que la acequia azul de la vendimia.

Porque la Patria es canto;
tu canto, Payador,
la voz humana
que grita libertad en la pelea,
es el brazo sin arma que aniquila
y es cantón infranqueable en la frontera.

Tu canto es ala y pluma, vuelo y grito,
es relato e injuria, arenga y flecha,
es pendón entibiado por la endecha
y la herida sin sangre del cielito.

Payador
cuando cantes,
sé invencible,
sé libre, sé inmortal;
que tu canto reparta el sol americano
por la curva de luz de las gargantas;
que tu mano
defienda su bordón como una garra
y florezca en tu décima infinita
el árbol nacional de tu guitarra.

Para que todos sepan en América
si dicen Payador
que han dicho Patria.


martes, 14 de enero de 2014

Poema a la Guitarra



Hecha de miel y pesares
y con espuma de lágrimas.
Con besos de luna llena,
con sangre de madrugadas.
Hecha con lumbre de auroras
y rumor de acequias claras.
Madura de soledades
bajo las estrellas altas.
Nace cien veces la música
del fondo de la guitarra.

Su madera no es madera:
es una selva incendiada.
Crisol de todas los cantos.
Dolor de todas las ramas.
Para volar en la noche
tiene dos manos por alas.
lleva la música, lejos
bajo las estrellas altas,
y siempre nace y renace
del fondo de la guitarra

Vino la guerra mordiendo
la libertad de la Patria.
Crecieron las montoneras,
potros, galopes y lanzas.
Vinieron tiempos de siembra.
Nació la semilla clara.
Cantó la tierra olorosa.
Florecieron las mañanas,
y se llenó de cantares
la selva de la guitarra.

Pena de los trovadores
es pena dulce y amarga;
dulzura de dar la dicha,
amargor de no lograrla.
Arquitecto de consuelos
sólo tiene noche larga.
Herida que se hace canto
bajo las estrellas altas.
Porque conoce estas cosas
tiene penas la guitarra.

lunes, 13 de enero de 2014

Prisonero un Cardenal (Estilo)



Ya me han pedido que cante
y hacerme rogar no puedo,
si me llego a equivocar:
tiemplo y empiezo de nuevo.
.............................................
Prisonero un cardenal
en su jaula con porfía
se lamenta noche y día
se encierro triste y fatal.
Y digo soy cardenal
que entre las selvas me crié
mis alegrías canté
en un solitario prado
entre rejas encerrado
dos mil suspiros largué.

Yo también fui cardenal
que en un tiempo libre fui,
sobre de un mimbre subí
y allí me puse a cantar.
Jamás me llegué a pensar
verme triste prisionero,
siendo un pájaro matrero
¡cómo me vine a encerrar!.
Y hoy me puedo lamentar
un cardenal prisionero.

Ya por fin caigo en la jaula
y no tengo más que hacer
que esperar que echen alpiste
para ponerme a comer.
Y si me dan de beber
me puedo llamar ufano,
siento otros cantos lejanos
de mil aves que se alejan;
yo también dentro'e mis rejas
largo un canto soberano.

Soy cardenal amarillo
de pluma fina y dorada,
soy el ave destinada
a morir en un presidio.
Sufro males y martirios
por mi libertad clamando
y a más mis horas logrando
por ver si puedo salir...
Mas pienso que he de morir
entre rejas encerrado.
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Ésta décima se la dictó a Piquillín Güiraldes, don Beltrán Ledesma de la Guardia del Monte, a quien (a su vez) se la dictó Silvano Echeverría, del Tandil.

La letra cantada por el Ciudadano Videla, lleva algunas variantes con respecto a la anotada en cuaderno.




La fiesta de don Segundo Sombra en La Porteña


(Foto de don Ricardo Güiraldes guitarreando en "La Porteña")

Voy a contar, caballeros,
según mi saber alcanza,
la fiesta que en una estancia
nos dió un señor estanciero.
Y fue un obsequio sincero
a un señor escritor,
que escribió un Segundo Sombra
recuerdo de tradición.

Yo me dirigí temprano
a tan tremendo fiestón
y me reuní en un fogón
junto con otros paisanos,
después que les di la mano
a los que había en la reunión,
me dirigí suavemente
a saludar al patrón.

Estaba como les dije,
donde había hecho la entrada,
y a su derecha quedaba
un corral de palo a pique.
Yo me aproximé  y le dije:
"muy buenos días, señor"
quien igual me contestó
con un tremendo alegrón.

Y yo llevaba conmigo
tres injertos de mi mano,
que también se descubrieron
al saludar al anciano.
Él me dijo muy ufano
después de un corto reposo:
"Van cuatro generaciones
con éstos que ahora conozco".

"Me parece que lo veo
allá en el Once a tu abuelo
las carretas desuñidas
y él sentao prendiendo fuego,
y yo mesturao con ellos
que mi padre me llevaba
que iba a recibir las lanas
que de estos campos cargaba".
................................................

Y después de saludarlo
yo me largué a caminar
y a mirar a los paisanos
que empezaban a llegar,
yo los empecé a filiar
y mirar a sus caballos
que parecían parejeros.

Había un rubio que venía
que era un paisano lujoso
en un sebruno fogoso
y un lindo chapiao lucía,
llegó, echó los buenos días
a la rueda general,
después de apeó lentamente
tranquilo a desensillar.

Después que ha desensillado
y ha dobaldo las caronas,
le dijo como por broma
a su sebruno enselado
"bueno pingo ya que has dado
en venir a ésta función,
corriendo ganate un premio
pa recuerdo'e tu patrón".

Este paisano que digo
es buen cantor y ladino
y se llama Victorino
Nogueira de apelativo.
Es emprendao como digo
desde su rastra al apero,
es uno alto y delgadito
muy requintao el sombrero.

Estaba el doctor Smith
sentao en un banco largo,
abosorbido en un letargo
con Don Patricio Mullvi,
"esto mucho gusta a mí"
dijo en lenguaje afinado,
y el doctor le contestó:
"para fiambre a mí este asado".

Disculpe, señor Ricardo,
lo voy a felicitar,
por el acierto cabal
del libro bien inspirado,
que hizo a Don Segundo Sombra
paisano de nuestros pagos.
...........................................................

Publicado en el diario "La Prensa", el 25 de Mayo de 1969 por Alberto Gregorio Lecot.

Salvador Nuñez:  era payador de San Antonio de Areco. Peón alambrador. En diciembre de 1926, en la fiesta que le fue ofrecida a Ricardo Güiraldes, leyó los versos que aquí rescatamos.

Arterias de plata (Milonga)



Una milonga se duerme
al va y ven de la guitarra,
son seis venas que se vuelcan
en el vientre de la caja.

Seis voces inmateriales,
seis fibras de sangre mansa,
seis grillos en la madera
desgranando la nostalgia.

La boca entreabierta avesa,
el cuello besado canta,
la sangre corre fecunda
por seis arterias de plata.

Siento toda la canción
caliente, dentro del alma,
tras el amor el recuerdo,
sobre el dolor la esperanza.

Los sueños llaman y mueren,
el fuego quema y se apaga,
y hay un temblor de caderas
estremeciendo guitarras.

Caderas de hombre, ceñida,
caderas de mujer, blandas;
y dentro de ellas, la vida
y envolviéndolas el alma.

Sobre la hembra sonora,
mi queja vibra callada,
la mano busca el silencio
y el silencio, la garganta.

Una milonga se duerme
al va y ven de la guitarra,
un vientre bebe la sangre...
de seis arterias de plata.

Semblanza de tierra seca



Voy caminado en la arena
Los pies se me hunden cansados
Y mis pupilas se queman
Al resplandor de los campos.


El agua no se descuelga,
Pobrecitos mis paisanos,
Si parece que hasta el tiempo
Se aprovecha del más blando.

Apenas tiene un cachito
De tierra para ir tirando,
La ha sembrao a coraje
Soñando con cuervos blancos.

No sabe que para el pobre
Solo se han hecho los brazos;
La esperanza es p´al que tiene
Leguas y leguas de campo.

Las vacas están en la calle
Lamiendo raíces de cardo
Porque ya no dentra el diente
Por mas que le anden forfiando.

El cuero...el cuero se pega al cuerpo
El hambre las va doblando,
Hombre flaco y vaca flaca
Banquete pa´los chimangos.

El sauce ya no da sombra,
Los arroyos se han secado
La sombra esta dentro' el alma
El agua en llantos amargos.

¡Ah gaucho! como te almiro,
Domador de tiempos malos:
Por vos mi patria es mi patria
Por vos mi canto es mi canto.

Si el tiempo tiene vergüenza
No ha de negarte una mano.

domingo, 12 de enero de 2014

El Gaucho Braulio Lucero (Estilo)


(Pintura: Eleodoro Marenco)

Entre grandes chañarales,
piquillines y brusquillas,
caldenes, jumes, jarillas
y muchos algarrobales.
Donde cantan los zorzales,
las calandrias y el boyero,
donde canta el teru-teru
y otras mil aves canoras,
vive sus últimas horas
el gaucho Braulio Lucero.

Es un rancho pobretón
que sostienen cuatro estacas,
con diez cabezas de vaca
que hacen círculo a un fogón.
Una yerbera, un porrón,
un mate y un asador,
un candil y un maneador
y en un cuerno de venao,
un ñandú recién boleao
con una picana flor.

De puerta un cuero estaqueao,
con el hollejo pa’juera,
sujeto a un marco ‘e madera
completamente cuadrao.
Tras de la puerta colgao,
un bozal y un maneador,
un lazo, que es lo mejor
que se conoce en la zona,
se parece a una bordona:
delgadito y zumbador.

Una tropilla entablada
fiel al tin tin del cencerro,
varias ovejas, un perro,
diez chivos y una manada.
Una guitarra empolvada
que tiene en el clavijero,
de azul y blanco un letrero,
bordado en cintas muy finas,
que dice: “Juana Medina,
pa’l gaucho Braulio Lucero”.



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Dice "Tonito" Rodriguez Villar: "No sé quién es el autor de estas décimas. Me las enseñó Félix Dardo Palorma quien las cantaba por cifra".

En la grabación que escuchamos Yapi Antín introduce otras variantes.