sábado, 27 de febrero de 2010

Pa' desarrugar los brazos

Paisanos: un gran proveedor de videos de música surera es:
http://www.youtube.com/user/carlosquilmeslopez
Gracias Carlos por compartir tanta patria!

La cosa fue por jugar,
unos tiritos livianos
como pa probar las vistas
y desarrugar los brazos.

La comenzaron sonriendo
dentro'e una rueda e paisanos
en el patio de un boliche
que jué de "Los dos hermanos".

Los dos eran muchachones,
pisarían unos veinte años,
pero los dos pretendían
hechar fama de baqueanos.

Hicieron unas salidas
con los facones cruzados,
y a la voz de ¡ahura!, se abrieron
dejando un pie adelantado.

Eleuterio con un poncho
sobre la surda enrrollado,
y Sabino unas bajeras
que manotió de un recado.

Comenzaron a girar
como si fueran dos gallos,
uno tiraba de punta
y otro tiraba de hachazo,

Eleuterio por lujoso
se anotó el primer planazo,
que se alargó por las risas
de la rueda de paisanos.

Y el vino que estaba quieto
por la sangre fue montando,
y fue fácil colegir
que no acabaría jugando.

Por ay se escuchó una ¡pun..tiada!
como remedio pa un tajo
y unas gotas colorearon
el gris antiguo del patio.

-"¡Basta!", gritaron algunos
con animos de calmarlos,
pero el grito llegó tarde,
la muerte ya había copado.

Dispués lo de siempre:
varios rostros preocupados,
uno camino a la noche
otro que se fue marcado,

por esas cosas del hombre
que ninguno me ha explicado,
que tienen finales tristes
aunque comiencen... jugando.

Reflexiones de un gaucho


Con la frente descubierta,
la melena negra y lacia,
trae la verdad y la gracia
un criollo que se despierta.
Viene a golpearle la puerta
del Congreso Americano,
que desde tiempos lejanos
tiene una deuda sagrada;
y ha venido con la espada
de la verdad en la mano.

Vengo a reclamar lo mío
que por bueno me han quitao,
dejándome tan despilchao
que cuasi he muerto de frío.
Vengo con odio, con brío;
hastiao de un tiempo sufrido,
razonable y convencido
que aunque es pueblera la cancha,
yo he de ganar la revancha
si no es tramposo el partido.

Y a causa de esas razones
del congreso americano,
le van sacando al paisano
los últimos patacones.
Lo llenan de obligaciones,
siempre hay algo que pagar,
por guías, por señalar,
impuestos, marcas y sellos,
y hasta pagarles a ellos
pa que apriendan a charlar.

Nos quitaron las haciendas
a medias con el pulpero,
después las lanas, los cueros,
caballos, matras y priendas;
y en medio de esas enmiendas
creyendo de mejorar,
no se fijan al pasar
sobre su querida pampa,
se va perdiendo su estampa
su patria, pilchas y hogar.

Repartiendo las cargas


Y bueno llegó el momento
en que yo ya debo dirme,
por eso via a despedirme
y creanmé que lo siento.
El hombre es un elemento
que obedece a su destino,
y asigún yo me imagino
nos vamos trás un señuelo,
las aves buscan su cielo
y el cantor busca el camino.

Mas como el mundo es redondo,
los caminos también son;
y cumplida su misión
reaparecen desde el fondo,
por eso yo no me escondo
ni mezquino la partida,
tengo una cosa sabida
y en esa ciencia me planto:
en el trago y en el canto
no pasarme en la medida.

Repartiendo bien las cargas
todas las huellas son buenas,
y una conducta serena
evita cosas amargas,
la vida con ser tan larga
no es una, sino son muchas;
y van mezcladas las luchas
con tiempos de paz y amor,
y es por eso que el cantor
no ha de cansar al que escucha.

Doce brazas tiene el lazo
de la presilla a la argolla,
y tuitas las desenrrolla
bajo el mandato del brazo,
aguanten el cimbronazo
que les ofrece mi mano,
como un relincho lejano
de libertad y entereza;
les dejo aquí mi promesa
de "hasta otra vuelta, paisanos".


El recuerdo de mi china



Me descolgué del gateao
y la cincha le aflojé;
y áhi no más desensillé,
porque venía cansao.
Después de haber galopeao
varias leguas sin parar,
tenía ganas de yerbear
y charrusquiar, desde luego.
Junté leña, prendí fuego
y puse agua a calentar.

Mañé la yegua madrina
y embozalé un colorao,
que lo dejé a mano atao
en un tronco 'e cina-cina.
El recuerdo de mi china
me enllenaba el pensamiento,
y buscando el lao del viento
ensarté junto al fogón
una paleta'e capón
que traiba atao a los tientos.

Y mientras que voy mateando
sentao sobre un cojinillo,
todo un concierto de grillos,
la noche me va brindando.
Las estrellas, parpadeando,
en el cielo se despiertan; ,
sobre los pastos se asientan
claras gotas de rocío,
y en el pensamiento mío
las nostalgias se acrecientan.

Y después de churrasquiar
al resplandor de la llama,
con el recao formé cama
y me tendí a descansar.
Volví otra vez a pensar
en qué lindo es ser tu dueño,
y en el cachorro sureño
que voy a tener con vos.
Encomendé mi alma a Dios
y entregué mi cuerpo al sueño.


 

El poderoso


Ando un tanto mal dormido
pues anduve de jarana,
ayer fue el santo de Juana
y estuvo muy divertido.
Yo por gastarme en cumplidos
les llevé unas chucherías,
un collar de pedrerías,
una sortija de plata,
y hasta unos aros de plata
que gané en las romerías.

Baqueano pa los convites
y más habiendo mujeres,
compré en la esquina'e los Perez
un paquetón de confites.
Dentraron a hacerse quites
y rairse la paisanada,
pues en más de una verseada
que traiba la golosina,
a cada una de las chinas
le caiba como pintada.

Yo como siempre prudente
gané pa'l lao del alero,
le pegué un chirlo al sombrero
pa bajarle el ala al frente.
Cuando por ay de un repente
alguien pronunció mi nombre,
y que ninguno se asombre
pues la cosa no es mentira:
¿Saben quién era? La Elvira,
la que lo nombraba a este hombre.

Y ya que dentré en confianza
les via a contar una cosa,
por este varón, la Rosa
se peleó con la Esperanza.
La muchacha 'el vasco Gaiza,
aquella de trenzas ralas,
la que anduvo con Juan Salas,
¿la recuerdan o no la ubican?
la hermana de Ludovica
que también me arrastró el ala.

Pero entre todas hay una
que no me está dao nombrarla
pa que yo pueda mirarla,
Dios le dio al cielo la luna;
agua mansa de laguna,
donde se baña el lucero;
armonías de un jilguero
emborrachado de luz:
le juro por esta cruz
por ella me juego entero.

Un silbo cualquiera


Un silbo llevo jugando
entre mis labios helados,
es lindo silbar un rato
cuando se viene cansado.

Tranqueando voy por la huella
y si un penar se me enanca,
yo busco un silbo cualquiera
y sigo como si nada.

Se inquieta siempre el cristiano
cuando la fe se le acaba,
pero penar es probarse
y las fuerzas se le agrandan.

Pa descansar de la vida
tenemos tiempo mañana.



Dormido en la dicha


Silencio...¡Qué cosa linda!
Parece un ser el espacio
que se ha dormido en la dicha...
Todos temen dispertarlo...

Pájaros, árboles, yo;
quietitos como cuidando
que ni el aliento haga ruido
pa no cortar su discanso.

Embobados parecemos
en este mirar tan largo,
idea y vista se pierden
sorbidas por el espacio.

Silencio...¡qué cosa linda!
una nada y mesmo tanto
silencio...¡qué cosa linda!
una nada y mesmo tanto.

Parece ser un rispeto
de que Dios anda po' el campo.
Si uno escucha mesmo siente
que en el silencio hay un canto

y una presencia de vida
que impone como milagro.
Y el alma como se limpia...
en un sentir tan liviano!.

viernes, 26 de febrero de 2010

No es un regalo


La vida no es un regalo...
A crédito se la dan,
¿y pa pior?, nenguno sabe
el precio que ha de pagar

De balde,naides la lleva,
poco menos, poco más;
sin más tarde o más temprano
las cargas se han de igualar.

No digo que Dios trampea,
que se confunde será;
de ay viene que muchas veces
algunos pagan de más.

Y lo más feo del caso
es que no hay a quien reclamar.

Desde el alma de la pampa


Traigo un canto que me llega
desde el alma de la pampa,
desde un pajonal dormido,
desde el viento, desde el agua,
desde un árbol que se yergue
solitario en la lomada,
desde el blancor que a la luna
le van robando las garzas.
Desde el mujido de un toro
que va llegando a la aguada,
desde el eco de un relincho
que presagia una manada.

Ese es el canto que traigo
y que me perfuma el alma,
cuando pienso en la llanura
y se adentra en mi guitarra.

Desde una glorieta antigua
con glicinas desmayadas
y un patio donde las sombras
cuentan cosas olvidadas.
Me llega de una ventana
testigos de serenatas,
desde un trebolar que ha abierto
sus hojas por la mañana,
desde un monte anochecido,
desde una isleta de tala,
desde una tapera triste
que custodian dos calandrias.

Ese es el canto que traigo
y que me perfuma el alma
cuando pienso en la llanura
y se adentra en mi guitarra.

El automóvil

(Pintura: Jorge Rajadell)Inteligente el pueblero
un carretón ha inventao,
que ni Mandinga ha soñao,
dende lejos fuerte y fiero.
Pudiera ser tan ligero,
rezonga y si en la huella,
alguno quiere hacer mella
y lo ataja, ¡póbrecito!
No se salva ni el bendito
si el carretón lo atropella.

Sigún me han asigurao
ese carro de latón
lleva adentro de un cajón,
caballos amontonaos.
Y que esos son manejaos
por el que llaman “chofér”,
hombre de mucho saber
que prendido a una ruedita:
los asujeta, los grita
y hasta los hace correr.

Y naides se crea que es broma
si están tan bien enseñaos
los caballos encerraos
que ni siquiera se asoman.
Tienen una rueda e goma
y en ella aire han metído,
aire que se ha endurecído
por que está muy apretao.
¡La pucha qué habrá soplao
el que meterlo ha podido!

Pa decirle a uno que siga
o pa que se haga un costao,
el manejante sentao
va apretando una vejiga.
Es mejor que no les diga,
pa no pasar de atrevido,
a qué se parece el ruido
que sale del aparato:
¡se iban a reir un buen rato
si les digo el parecido!

Me quedé haciendo la cruz
cuando lo vide correr
juye más, a mi entender,
que un venao o un avestruz.
De noche lleva una luz
prendida a cada costao
y así el camino alumbrao
queda clarito, clarito,
ande dispara el maldito
como si fuera asustao.