lunes, 29 de junio de 2009

Chasqui


Dice que a la carta mía
le costó trabajo leerla,
y que para comprenderla
deletreó medio día.
Que hay faltas de ortografía
puestas como de intención;
como si la puntuación
para Castro no existiera,
parece ser que escribiera
sin sentido de expresión.


Recuerde, doctor Agüero,
Ud, era mozo estudiante,
yo sólo era en ese instante
un muchachito boyero,
mientras Ud. con esmero
estudiaba de abogao,
yo le cuidaba el ganao
rondando entre los cardales,
supe las cinco vocales
cuando ya era un hombre casao.


Mientras que Ud, maravilla,
estudiaba todo el año,
libros de todo tamaño
útiles como semilla,
yo no tuve una cartilla
en mi edad de colegial;
y cuando surgió triunfal
su talento de gran hombre,
yo aprendí a poner mi nombre
con la impresión digital.


Conozco sus gestos buenos,
este amigo así lo entiende,
que su amistad no depende
de una letra más o menos,
sus reproches son amenos
y afectuosos para mí;
más de una vez sonreí
por sus cariñosas bromas:
Castro, me debe seis comas
y diez puntitos de "i".


Hay cosas que me enjareta
y que las inventa usted,
como en donde dice que,
escribí sauce con "z".
Eso es una jugarreta
aunque también le diré,
que a veces me equivoqué,
justo es que se lo confiese:
de que hay palabras con "s"
que las escribo con "c".


Dice como de remache
que lo más extraordinario,
es de que a mi abecedario,
se le ha desertao la "h".
Amigo, aunque usted me tache
que escriba "h" es casual;
yo las dejo en el morral
pa que otros hagan consumo,
escribo así "ombre" y "umo"
y me comprenden igual.


Por sus cartas no lo dudo
que es sabio en ortografía,
pero en su caligrafía
cada letra es como un ñudo,
nos cuesta un trabajo rudo
cuando nos llega a escribir;
pa poderlas discernir
las leemos y las releemos,
y ocasiones no entendemos
que es lo que quiere decir.


Pues de la mesma manera
que Ud. no me entiende a mí,
no le entendemos aquí
sus letras de enredadera;
lo que me extraña de veras
es que todo un abogao
se asombre que a un pión de arao
rural como la gramilla
se le empaque una comilla
y un "h" se le haya alzao.


Yo no conozco el acento
ni puntualizo la "i",
pero en la vida aprendí
trabajos de rendimiento.
Sacar de una lonja un tiento
como tejer un botón,
y del potro cimarrón
hacer caballo de silla,
trabajar una presilla
y terminar un cinchón.


Aprendí de una mirada
comprar una hacienda al corte,
dividir por el aporte
el consuma y la invernada,
a contar una majada
en la puerta de un corral;
que Ud., que es profesional,
con más letras que una imprenta
apuesto que no las cuenta
sin confundir el total.


Ud. se siente un portento
y critica mi modismo,
porque sabe el mecanismo
de coma, punto y acento;
yo puse todo mi intento
en la siembra y el ganao,
la natura me ha dotao
de una argentina mollera,
que puedo ser donde quiera
más productor que un letrao.


Ahí le mando, amigo Agüero,
haches y puntos por cientos,
y más comillas y acentos
que maíces tiene un granero,
como van demás, espero
que las que sobran, doctor,
me las mande sin temor
porque ando con los asuntos
de unas haches y unos puntos
que le debo a otro escritor.



Me llaman... El Payador



Muy buenas y con licencia,
y que el Creador los bendiga;
y vaya esta mano amiga
pa toda la concurrencia.
Sépanle guardar paciencia
a este humilde servidor,
que de puro versiador
va a florearse en un apronte:
¡Yo soy de la Guardia 'el Monte!
Me llaman... ¡el Payador!

¡Payador!... Una pavada
que a veces nos da la pampa;
un chingolo en una guampa
saludando una alborada.
¡Un payador!... casi nada,
más bien decir, un agravio;
un pobre gaucho...resabio
de nuestra estirpe bizarra:
¡el trinar de una guitarra
y un cantar a flor de labio!

Les he pedido un barato
pa'hacerles un relanceo,
y en pago de mi apreceo
les viá brindar mi retrato.
Moreno, sin ser mulato,
bien apegao al pellejo,
sin ser joven, no soy viejo;
medio charcón... a lo pampa;
¡vamos a ver si a esta estampa
le sacan lo desparejo!

Mesmo que un mozo pueblero
me gusta andar bien trajeao,
y si ando ansina empilchao
será... porque me da el cuero.
Pa'que hablarles de mi apero...
ni mencionarlo siquiera;
cualquier cosa... una zoncera,
y de yapa un mancarrón
que de puro regalón
no me perdió una carrera...

Ansí nomás no me entrego
en los brazos de un querer:
la conozco a la mujer
y les he calao el juego.
Le tengo al trabajo apego
pero prefiero cuerpearlo,
más bien decir... agarrarlo
estando medio acabao...
¡Será que nací cansao!...
¡Nunca dentré a averiguarlo!

No soy de ningún partido
aunque esto a alguno le asombre;
le respondí sólo a un hombre...
¡no sé si me han comprendido!
Soy un poquito atrevido
pa'l naipe y el beberaje,
y no es pa'templar coraje
pues nunca conocí el chucho:
¡no pregunto si son muchos
sino ande queda el paraje!

Me gusta jugarme entero
cuando la razón me suebra,
y aún no se ha hecho la hebra
con que han de zurcirme el cuero.
Trato de ser ventajero
con el que es mal pegador;
nunca he sido sobrador
ni me gasto en el apronte:
¡Yo soy de la Guardia 'el Monte!
Me llaman... ¡el Payador!...

Chumbeos


Para los que despotrican,
sin razones valederas,
de las costumbres camperas
y de quienes las practican;
para aquellos que predican
tamañas temeridades
sin otras finalidades
que aminorar al nativo,
estas décimas escribo
y en ellas... cuatro verdades.

Verdades que, como un reto,
han de estar a flor de labios
para castigar agravios
a quien nos falte el respeto.
Y si a redentor me meto
será porque me imagino
poder seguir mi camino
de nuestro inicial glorioso,
porque me siento orgulloso
de haber nacido argentino.

Y pampa...porque en mis venas
corre sangre de aborigen;
de aquellos que no transigen
ni los engrillan cadenas.
De aquellos que en las arenas
de nuestros patrios senderos
fueron dejando regueros
de sangre emancipadora;
sangre criolla, vencedora
en más de cien entreveros.

De aquellos que no quisieron
nada en concepto de guerra:
ni aún el palmo de tierra
del lugar donde nacieron.
De aquellos que no tuvieron
más ley que su autoridad,
que es suprema voluntad
de nuestra soberanía;
despreciar la tiranía
es amar la libertad.

De los que luego plantaron
el primer poste esquinero;
los que de un nido de hornero
su patio rancho imitaron.
Los que más tarde regaron
con el sudor de su frente
el noble surco... imponente
tajo de fecundidad.
Quien va a la posteridad
no resbala en la pendiente.

De aquellos que resereando,
curtidos de soledad,
ganaron la inmensidad
tranqueando, siempre tranqueando.
De los que fueron paseando
sobre la vasta llanura
su romántica figura
cara al sol... siempre de frente,
como el más fiel exponente
de nuestra raza futura.

De esa extirpe de varones
con que nos legó el destino,
de ésos soy yo... Argentino,
pampa sin claudicaciones.
Si en algunas ocasiones
es áspero mi lenguaje,
es reacción contra el ultraje
que se pretende inferir
al tratar de confundir
criollismo con compadraje.

Argentino por derecho,
por ley y por tradición;
íntima satisfacción
que me está golpeando el pecho.
Argentino por derecho,
por ley, por razón de herencia;
argentino por decencia,
que es patrimonio del hombre,
y lo juro por mi nombre:
¡Argentino por conciencia!

viernes, 26 de junio de 2009

Al hombre bueno



Riegue siempre la esperanza
pa que no pierda el verdor
y no le afloje al dolor
ni a los corcovos del potro;
trabaja menos que el otro
el buey que es más tirador.

Cuando tenga que agarrar
por el rumbo que eligió
con pacencia sigaló,
siempre con fe y voluntad;
el que no sabe ande va
no sabe porqué partió.

El hombre de voluntad
no se entrega por cansau,
queda en todo campo arau
ande un surco más abrir;
yo escarbo en el porvenir
y le echo tierra al pasao.

Trase limpia rastrillada
de su vida en el sendero;
no anda en senda de cuatrero
el hombre trabajador;
pues a caballo andador
jamás se escapa un matrero.

Al corazón no se engaña
cuando algún dolor lo estruja
y si una lágrima empuja
querer mentirle consuelo;
es como borrarle al suelo
las sombras que el sol dibuja.

Es engañarse llorar
una mentida aflicción,
lo que manda el corazón
uno a veces lo ignora;
sólo sabe porqué llora
el que llora con razón.

Y el que nació pa cantar
por todo, su voz levanta
llorando su pena canta
aunque le duela la voz;
por algo le puso Dios
un pájaro en la garganta.

Busque el que quiera brillar
rodearse en lo que da brillo,
sin alas no canta el grillo
y ande no hay mburucuyá,
jamás pinta el mangangá
su cacunda de amarillo.

El hombre debe creer
especialmente en sí mismo,
degoyarse el egoísmo
y todo mal proceder;
y adulón de naides ser
que es lepra del servilismo.

Pobre es aquél que tiene
poca personalidad;
la ignorancia y su maldad
carcome como el herrumbre,
yo uso por propia costumbre
a mi modo el chiripá.

Conozco al que habla conmigo
apenas la boca abre,
y el que hiere de palabra
por más que lo oculte bien,
hiere con armas también
si la ocasión se le cuadra.

Yo abro la boca tan solo
pa perdonar y cantar
y he podido comprobar
oserbando a la pasada:
que una lengua muy usada
se afila y puede cortar...

Buey bueno pa pertiguero
siempre del pértigo tira
el cree en todo y no mira
y oservando no sabrá,
que vestida de verdad
es más mala la mentira.

La envidia es pájaro triste
que el alma suele anidar,
es graznido su cantar
vive en maligno deseo;
cuando un envidioso veo
siento ganas de llorar.

El hombre debe saber
ensillar con su recao
y el que nunca ha trabajao
si lo dejan conversar
habla de "hacer trabajar"
pero se queda sentao.

La mano que da ha de ser
la mano del sabio Nazareno;
se da también un veneno
sin saber que va a dañar
hacer bien no es dar y dar
eso es no más que ser bueno.

Derrama hasta el hombre uraño
almíbar en sus amores
hay cien pájaros cantaros
que siempre tristes se ven
y las espinas también
protejen nidos y flores

Muy pocos son los que dan,
muchos muerden de lo ajeno;
hubo un solo Nazareno
y mil gusanos por ave
y quien no hace bien no sabe
qué cosa linda es ser bueno.



Pida Patrón!



Pida patrón, no es un canto;
pida patrón es un grito!
Dolor simplemente escrito
que pudo bien ser un llanto.
Rabia , pasión , desencanto
sangrante rima que hayo,
cruda sentencia que fallo
para el que pobre o no pobre
por un puñado de cobres
condene a muerte a un caballo.

Pida patrón lo que quiera:
pida el galope mas grande,
pida el aliento mas largo
pero no venda mi carne.

Pida que nade los ríos,
que cruce todos los valles,
que me deshaga en las sierras
pero no venda mi carne.

Pida que embista en mi pecho
las lanzas que embistió antes,
pida que vuele en pedazos
bajo el rugir del combate.

Pida que enriede en mis crines
la muerte que anda en el aire,
pida que caiga envarado
ahogando el relincho en sangre,
pida que agote mis fuerzas
cuando en la paz cinche y are
para trillar los veranos
maduros en los trigales.

Pida que seque las ubres
de las yeguadas que paren,
aunque apure los potrillos
y asi los cristianos mamen.

Pídame bota de potro
que por mi muerte le nacen,
para salvar en la muerte
la tradición del gauchaje.
Pida todo lo que quiera:
del escudo desterrarme,
cinchar las cosas más pobres
basta que cien orientales
sufrir sórdido desdén...
pero no venda mi carne.

Olvide que hice en mi lomo
 la patria con los grandes,
pida todo lo que quiera
¡pero no venda mi carne!

jueves, 25 de junio de 2009

Mi gaucha




Tengo una gaucha ¡gran siete!
dulce como remolacha,
y aunque no es una muchacha
levanta como el copete,
a veces se empolva al cuete,
y de la pintura abusa,
y moños y cintas usa
en la ropa y la cabeza,
ella se cree una belleza
y es fea como lechuza.

Chillona es como chicharra,
porque es demasiado sorda
y es más bien flaca que gorda
y parece un bicho 'e parra,
a veces se despatarra
haciéndose la mimosa,
y como gata rabiosa
encoge el lomo y lomea
y toda se babosea
como ternera viciosa.

¡Ahijuna!, vieja emperrada,
está en que yo la mantenga
y se hace la chancha renga
si la echo por dejada.
Canta con voz destemplada
y suelta al aire su crin,
sin imaginar el fin
que tendrá su zafarrancho;
no sabe que a cada chancho
le llega su San Martín.

La otra tarde la dejé
sola por ver lo que hacía.
Y a la guasa gaucha mía
muy borracha la encontré,
entonces le pregunté
al verla que estaba muda,
si quería un té de ruda
para limpiar su intestino,
y me dijo: "Dame vino
porque a curarme me ayuda".

Mi poncho tucumano


En el rodar errabundo
con que mi vida desgrano,
tengo un poncho tucumano
como no hay dos en el mundo;
ostenta el brillo profundo
de un poema evocador,
y es a su dulce calor
que ha consagrao el destino
mi arrogancia de Argentino
y mi sueño de cantor.

Quién sabe qué de añoranzas
palpitan en él despiertas,
con mis ambiciones muertas
y mis muertas esperanzas;
él sabe las asechanzas
que he sufrido, y los dolores,
y luce de mis amores
las pinceladas felices,
¡lo mismo que cicatrices
de citas, besos y flores!

Todo el doloroso arcano
de mi juventud palpita,
en la leyenda bendita
de mi poncho tucumano:
¡fue, y en decirlo me afano,
joya y abrigo en mi techo,
almohada para mi lecho,
pendón para mi moharra,
funda para mi guitarra
y escudo para mi pecho!

Aunque es su aspecto sencillo
por sus guapezas gloriosas,
¡luce cribas como rosas
dibujadas a cuchillo!
Un aborigen caudillo
me lo brindó cierto día,
y es por eso que en la guía
de su tejido parece,
que el alma indiana florece
y evoca la raza mía.

Cuando con voz conmovida
mis viejas nostalgias troncho,
parece que me habla el poncho
de mi mocedad florida;
ante él reocbra mi vida
sus dulces evocaciones,
y al medir las decepciones
que hacen pesada mi cruz,
son como abejas de luz
en sus flecos mis canciones.

Por eso cuando me aleje
y mi alma meditabunda
de la luz con que hoy inunda,
el postrer rayo refleje,
ansío que se me deje
besar su tejido indiano
y cuando mi cuerpo humano
yazga en la fúnebre caja
que se cosa mi mortaja
con mi poncho tucumano.

Viejo poncho sanjuanino


Viejo poncho sanjuanino,
a mi destino ligau,
Cuántas veces me has tapau
a lo largo del camino...!
Viejo poncho sanjuanino
que en mis andanzas de arriero
juiste el fiel aparcero
de mis dichas y dolores,
y amparo de mis amores
con la chinita que quiero.

Viejo poncho sanjuanino,
refugio de mi osamenta
cuando azota la tormenta
al alto poniente andino.
Andariego y peregrino,
viejo poncho como yo,
Cuántas veces te cortó
la daga del entrevero
y cuántas el aguacero
sobre tus pliegues lloró!

Te tienen por montonero,
viejo poncho sanjuanino,
pero ante sos argentino,
tradicional, guerrillero...
Vos venís de un entrevero,
hecho a tambor y clarín,
vos conociste el confín
romántico del Perú;
Ya te llevaba en Maipú
Don José de San Martín!

La historia de mi pasau
en tu vejez se resume;
a mí el tiempo me consume
y a vos te tiene olvidau...
Viejo poncho que ha rodau
unido siempre a mi suerte...
Cuando mi osamenta inerte
descanse al fin de la vida,
estarás pilcha querida,
cubriéndome hasta la muerte.


Romance de los caballos



Quiero llenar mi vaso hasta los topes
este vaso es chambau por que es de guampa
para llegar de lejos a la pampa,
y cantarle al caballo y sus galopes.

Antes que canten los agrestes gallos
quiero elevar sincero y conmovido,
este canto de amor agradecido:
mi romance de todos los caballos.

A los baguales criollos, de azarosa
historia de fortín y tolderías,
hijos de aquellos que en lejanos días
nos dejara don Pedro de Mendoza.

Fui jinete de espuela y guardamonte
y le pago mí deuda al compañero:
al picazo, al lobuna, al estrellero
al de la selva virgen y al del monte.

Porque soy una crianza de capayos
con la leche robusta de la sierra,
le debía a los gauchos de mi tierra
el romance de todos sus caballos.

Le debía este maíz americano
y esta mata de pasto jachallero,
al gatiau de mi padre y al overo
y al petiso rosillo de mi hermano.

A la torda de chasca cimbriadora,
al oscuro tapau y a la picaza:
y a la vieja madrina, a su cachaza
en la tarde que muere y en la aurora

Le debía este canto a las distancias
al jagüel, a la legua, al pastoreo...;
al mansero de ronda en los rodeos
y al nochero de todas las estancias.

Le adeudaba un responso, don Segundo
a la sombra del suyo en La Blanquiada
y a su crudo trajítn de reseriada
por las pampas más lindas de este mundo.

Debe alcanzar sonoridad de bronce
este canto legüero de cencerros.
Pa' mentarle su moro al Martín Fierro
y al patas blancas de Ciriaco Ponce.

Y si es más dulce el canto cuando llega
la triste noche a envolver la pampa,
quiero evocar, por fin, la noble estampa
del alazán tostau de Santos Vega.


miércoles, 24 de junio de 2009

El Indio


Bajo de un coposo pino
de corpulenta figura
que desafiaba la altura
a lo largo del camino,
había un indio genuino
sumido en sus reflexiones,
émulo de esos varones
de cuerpo fuerte y derecho,
que parece que en el pecho
tuviesen dos corazones.

Con las manos apoyadas
sobre el carrillo cobrizo,
los ojos mirando el piso
y las pestañas mojadas,
pensaba en horas pasadas
que el hondo pensar enlaza,
y una lechuza que pasa
lanza un graznido lúgubre
como un velo que descubre
el sepulcro de una raza.

Y ante el graznido del ave
yergue su figura altiva
que supersticiosa priva
salir del problema grave;
llora, siente, piensa, sabe
aquel indio patriotero
que ya no es el montonero
que peleo fuerte en la guerra,
sino el último en su tierra
después de ser el primero.

Mira entonces la llanura
que en silencio dormitaba
y ante sus ojos estaba
trágica, fría y obscura
despierta en él la bravura
y lo mismo que una fiera,
que lucha y se desespera
cuando al cachorro castigan,
las iras al indio obligan
y gritó de esta manera:

-"Lleno de odio y de rabia,
patria desagradecida,
dejo esta queja esculpida
sobre el pendón de tu savia;
tu falso progreso agravia
mi libertad de varón
yo que por tu pabellón
sentí en el pecho y el lomo
los latigazos del plomo
de la civilización.

Yo que pelié frente a frente
defendiendo tu terruño
con las potencias del puño,
que tiene todo valiente,
sentí mi sangre caliente,
derramarse a borbotones,
y en distintas direcciones
dejé con mi sangre huella
y están marcados en ella
tus sables y tus cañones.

Y después del sacrificio
hecho con toda pujanza
sin tener otra esperanza
que tu propio beneficio,
ando sin rancho ni oficio,
despreciado sin razón,
sin tener un mancarrón
ni una miserable oveja,
porque no hay ley que proteja
los hijos de mi nación.

El rancho que yo tenía,
con mis ovejas y vacas,
lo hallé rodeado de estacas
y un cerco lo dividía;
me encontré con que vivía
allí un señor estanciero
que como él era extranjero,
no puso por vos el pecho,
y me ha quitao sin derecho
lo que fue mío primero.

El día que regresé
no encontré china ni nada,
porque era fiscalizada
la tierra que yo poblé;
en vano les reclamé
derecho de poblador,
puso la ley su rigor
y yo sin plata y rabioso,
fuí a parar a un calabozo
por malo y acusador.”

Aquel altivo guerrero,
después que pasó la guerra
recién al pensar se aterra
porque vió lo verdadero
al ver que tan altanero
peleó por su patria fiel,
y no había otro laurel
para su sien de argentino,
que llorar bajo de un pino
de un campo que no era de él.