jueves, 9 de mayo de 2013

Tanta vida en cuatro versos



Una por mí se moría,
yo me muero por usted,
usted se muere por otro;
qué mundo tan al revés.”

Coplas con sabiduría,
que en el camino encontré,
tanta vida en cuatro versos,
pa’ mis adentros pensé.


En la puerta de mi casa
tres arbolitos planté,
planté una fe, una esperanza
y un “jamás te olvidaré”.

Pero también he plantado,
porque te sé precavida,
un corazón al revés
y una flor que dice: olvida.

Coplas como panaderos,
como nubes, como aquel
mirlo que cantaba manso
a orillas del Arapey.

Yo soy tararira vieja,
que busca lo más profundo,
viveza precisa el hombre
para vivir en el mundo.

Pero también necesita,
y la copla no lo dice,
una mujer compañera,
una canción cuando triste.

El valor todo lo puede,
hay que tenerse confianza,
y lo que el valor no pueda
lo ha de poder la esperanza.

Coplas que son como un poncho
en un camino invernal
y, al perdido en este mundo,
un agua de manantial.

martes, 7 de mayo de 2013

El Embudo

 



Venga m' hijo hoy le he de hablar
de un tema tan cotidiano,
que ni usted ni sus hermanos
se han detenido a pensar
y es por costumbre nomás,
por haber nacido aquí,
por venir de una raíz
marginada de hace tiempo
y contemplando en silencio
lo que pasa en el país.

Tal vez nunca meditó
que usted con esa dos manos
asiste a pagos lejanos,
dándole luz y calor,
que también mueve el motor,
que anda el cielo y anda el mar
o autopistas de ciudad
o en las comunicaciones,
sin saber por qué razones
nada viene y todo va.

Fíjese en el caño aquél,
es el famoso oleoducto
por donde se van los frutos,
como quien dice a granel.
Le costará comprender
por qué este petróleo nuestro
lo industrializan tan lejos
y el subproducto después
vuelve a su tierra otra vez,
sepa Dios por que manejos.

Nuestro gas es entubado
en caños de alta presión
que llevan calefacción
para entibiar otros pagos;
no se me quede asombrado
si le digo que en el gas
van muchas cositas más,
con variadas propiedades,
que enriquecen otros lares
y empobrecen los de acá.

Y los parques nacionales
parecieran extranjeros
porque ahí somos forasteros
los nativos o locales-
En sus bosques colosales ,
sucede que en ocasiones
se convierten en tizones
los leños que nadie saca
y andan con bosta de vaca,
en los ranchos los fogones.

Y aquellas torres en fila,
sujetando el cablerío,
se llevan de nuestro ríos
lo mejor de la energía,
no es una ocurrencia mía,
ni lo quiero avergonzar,
pero póngase a pensar
qué pasaría si nos dieran,
por todo lo que se llevan,
lo justito y nada más.

Seguimos siendo colonia
de la gallina de arriba,
¿federalismo? ¡mentira!,
desde que tengo memoria.
Allá se inventa la historia,
aquí se escribe con sangre,
mas vienen de tarde en tarde,
en vísperas de elecciones
a prometer soluciones
que ya no engrupen a nadie.

No hablemos de agua pesada,
regalías, minerales,
nada viene, todo sale,
estrujando la ordeñada.
La cuestión está estudiada
para dejarnos de luto,
usando cualquier conducto
se llevan hasta la tierra,
si nuestro sudor sirviera
ya habría algún sudoructo".

Cuando caiga mi osamenta




(Pintura: Molina Campos)


 
El día que yo me muera,
cuando me muera nomás,
quiero morirme entre amigos
fogoneando, ¡pa'qué más!...
El día que yo me muera
cuando me muera nomás.

Cuando caiga mi osamenta
entre medio del terrón,
quiero a mi mejor amigo
cantándome una canción...
cuando caiga mi osamenta
entre medio del terrón-

Tal vez me cante una cifra
o una milonga tal vez,
yo vi'a florearlo en silencio
por si lo encuentro otra vez...
tal vez me cante una cifra
o una milonga tal vez.

El día que yo me canse
de andar peleando a la vida,
capaz que ni me doy cuenta
de que alguno me quería.
Entonces me voy a dir
con ese dolor adentro,
¡menos mal que tengo un Dios
eso me pone contento!

Capaz que llego a saber
si tengo algún enemigo,
de ser ansí que aparezca
ansí me muero tranquilo...
capaz que llego a saber
si tengo algún enemigo.

Ojalá que no me vaya
sin saber qué va a pasar,
con el hijo de mi hijo
o al menos verlo llorar...
ojalá que no me vaya
sin saber qué va a pasar.

Que nadie empiece a los llantos,
que nadie sienta temor,
y que algún paisano diga:
se está muriendo un cantor.

Mirá que ponerme a hablar
del día que yo me muera,
si recién me nace el canto
pa'dejarlo donde quiera...
Mirá que ponerme a hablar
del día que yo me muera.

El día que yo me muera,
cuando me muera nomás,
quiero morirme entre amigos
fogoneando, ¡pa'qué más!...
El día que yo me muera
cuando me muera nomás.





Matar a una paloma (Milonga)




Entre muchos la atacaron,
jauría de oscura laya,
que tenían sierpes de oro
donde ha de tenerse el alma.

Todas las bestias reunidas
en una siniestra alianza,
de hemisferio a hemisferio
decretaron: a matarla.

Con pupilas desasidas
y manos inmaculadas,
desde neutrales espejos,
los demás sólo miraban.

Complicidad de silencio,
peor aun que las palabras,
tan vanamente silencios
y tan cruelmente de espaldas,
los mares enrojecidos
iban sembrando mortajas.

El coyote y la serpiente,
el león y la perrada,
los lobos y los halcones
clamaron: "¡Hay que matarla!".

Y la acosaron sin tregua
en su furia desatada,
gritando todos a una:
"¡Hay que matarla, matarla!".

La paloma del maíz,
del palo santo y la caña,
del olivar serraniego,
de trebolares y guampas.

De las viñas y el vellón,
y de la yerba selvática,
condenada fue a morir
por los patrones del mapa,
por los que rigen océanos,
por los que forjan murallas.

Alta indígena frente,
la paloma americana,
con voluntad sin desborde
enfrentó a la grey corsaria.

Sus alas eran de cielo
y su pecho de alborada,
y hondos fuegos patagónicos
corrían por sus entrañas.

La hirieron impíamente,
atacándola a mansalva,
todas las bestias reunidas
mas no pudieron matarla.

Y allá está sola y entera,
la paloma americana,
entre atlánticos confines,
entre horizontes en llamas.

Allá está sola y entera
la paloma americana,
porque no hay muerte tan muerte
que pueda quebrar sus alas,
allá está sola y entera
la paloma americana.


Milonga (Floreos y preludio criollo)


lunes, 6 de mayo de 2013

El canto olvidado (Estilo)



Guitarra hoy he vuelto al pago
ardiendo en reminiscencias
con voz de niñez perdida,
con voz de antiguas creencias.

Refloreciendo paisajes
que quedaron en la senda
de los años abatido
con hondo callar de estrellas.

Desvelaré mis recuerdos
junto a la antigua tapera,
y al sauce llorón volteao
por mil hachazos de ausencias.

Yo soy el gaucho cantor
que canta con sentimiento,
el que al aire da el lamento
de su pasado esplendor,
yo soy aquél que el dolor
cortó de flor y la rama,
y soy aquél que reclama
a su corazón olvido,
como esas aves sin nido
que hayan refugio en la grama.

Guitarra hoy he vuelto al pago
a la ancha cuna campera,
donde el potro cimarrón
no haya alambre ni tranquera.

Donde acurruca el pampero
vidalitas polvorientas,
junto al brocal que agoniza
con la garganta reseca.

Yo soy el gaucho cantor
que canta con sentimiento,
el que al aire da el lamento
de su pasado esplendor,
yo soy aquél que el dolor
cortó de flor y la rama,
y soy aquél que reclama
a su corazón olvido,
como esas aves sin nido
que hayan refugio en la grama.

Guitara hoy he vuelto al pago
al conjuro de tus cuerdas,
un viejo canto olvidado
me trajo sobre la huella.

Tendida entre largos verdes
y margaritas bermejas.
El solar de mis abuelos
ya no es lo que antes era.

No está la casa ni el monte,
¡todo ha muerto!, sólo queda
el sauce llorón caído
junto a la antigua tapera.

Gutiarra: hoy he vuelto al pago,
más vale nunca volviera,
me voy silbando bajito
la angustia de una quimera...

Por cifra y milonga

 

Yo le canto al sur por cifra
y le canto por milonga,
y aunque no me lo proponga
en cualquier tiempo o lugar,
si me pongo a guitarrear
canto por cifra y milonga.

La cifra que es payadora
va de la guitarra en pos,
y se entabla entre los dos
un diálogo de armonía,
repartiendo la porfía
entre "ahur' a mí" y "ahur' a vos".

Yo le canto al sur por cifra
y por milonga le canto,
y aparcero, les garanto,
que en esto soy como Fierro:
¡hasta el día de mi entierro
en esta función me planto!

La milonga es corazón
que se anuda en el cordaje,
es el sonoro brebaje
donde campea la hombría,
es la ardiente criollería
derramada en el paisaje.

Yo le canto al sur por cifra
y le canto por milonga,
y aunque no me lo proponga
en cualquier tiempo o lugar,
si me pongo a guitarrear
canto por cifra y milonga.

Jesús alegría del hombre


Milonga de la Suite del Plata Nº1


Boleadas eran las de antes


(Pintura: Augusto Gomez Romero)

El gaucho nunca llevaba

las “bolas” en el recado,
cosa de verse apurado
de un tirón las desataba.
Es así que se colgaba
alguna que otra potrera
a más de las ñanduceras,
para tenerlas seguras,
una o dos en la cintura
y otras más en bandolera.

Un buen boleador, primero,
elegía en el corral,
de seguro un animal
blando de boca y ligero.
Desechaba del apero
las prendas que no iba a usar
y ahí nomás iba acortar,
para afirmarse en el tiro,
media cuarta del estribo
que está del la’o de enlazar.

”Boleadas eran las de antes
-cuentan gauchos veteranos-
basta un caballo baqueano
y la pampa por delante”
Con un grito, en un instante,
La medialuna se armaba
Y comenzaba la arreada
De ciervos, gamas, ñanduces,
Para salirles al cruce
Y hacer así la boleada.

Gritos, espuma, sudor...
La pampa que se estremece.
Y entre la paja aparece,
el suri gambeteador,
detrás se escucha un fragor
y envueltos en “polvadera”
bestias y hombres en carrera
y en sus derechas, silbando,
el aire que iba cortando
las temidas ñanduceras.

Con tan solo una mirada,
el gaucho elige su presa,
y con notable destreza
las “bolas” son arrojadas.
Surcan el aire guiadas
por la experiencia que encierra
años de práctica y guerra
y dan contra el avestruz,
que con sus alas en cruz,
boleado, cae en la tierra.

Es al llegar la oración,
la señal para volver,
y de paso recoger,
lo que voleó en la ocasión.
Una picana , un alón,
todo vale, pesa o suma,
a más de un montón de plumas,
que con placer y alegría
cambiará en la pulpería
por todo lo que consuma.