lunes, 14 de marzo de 2016

Romance para Don Miguel Gutierrez






I

Es vísperas de elecciones
y el pago está como brasa,
que la sangre todavía
se orea en las hondonadas,
y encima del armisticio
quedó el odio haciendo guardia.

Es víspera de elecciones
como juese de batalla:

está encinta de presagios
la brisa de la mañana,
y andan mordiendo barbijos
pa'no desmaniar la rabia
corajes de puro nudo
y espinas, como los talas.

Son los piones ganaderos
templados a sol y escarcha.
Puntales de cielos viejos,
que vienen arriando el alba
con la rosa de los vientos
plural para las rodajas.

Los que abriendo cerrazones
con rumbos de clarinadas,
cuando la tierra encendía
revoluciones tubianas,
brindaban tientos del cuero
pa'dir trenzando la patria.




II

De Rocha a Santa Victoria,
treintaicinco leguas largas,
conduce una diligencia
que partió al rayar el alba,
uno d'esos montoneros
"melladores de guadañas".

Gaucho cimbra: a lo palmera.
Miguel Gutiérrez se llama;
recién le pidió al patrón
relevo pa'la jornada
y el hombre lo destrató
con lenguas de la pior laya.

Al montonero, la sangre
se le juyó de la cara;
los carbones de los ojos
se l'encendieron en brasas;
sus cejas, jueron acentos
sobre un odio sin palabras.

Para arreglar la cuestión,
le andaban sobrando agallas,
pero... algo lo asujetó
por el fiador de la rabia;
subió, se secó la espuma
con el revés de la manga,
y el chasquido de su trenza
despenó la madrugada.

Ahora, entre el balanceo
de la galera, que alarga
sobre páginas de sol
la música de sus llantas,
esa ofensa sin cobrar
le viene charquiando'l alma...

Pero hay mujer; hay cachorros
que le aguaitan la llegada
con piquitos muy abiertos
de pichones de calandria...
¿Cómo güelve sin el pan?
Hay que defender la casa.

...Y a la vez, hay que votar;
él sabe bien que la patria
precisa en la paz, su voto
y en la guerra, su tacuara.
¿Cómo cumple si se va?
... si se queda, cómo paga?

Entonces, pone el ideal
en ristre como una lanza;

y rumbo a Santa Victoria,
treintaicinco leguas largas,
envuelto en nubes de polvo
y en formidable alharaca
de crujido de fierraje;
ruido'e cascos, gritos, tralla,
el montonero Gutiérrez
su recio brazo levanta,
fortalecido a rigores
de lazo, pezuña y guampa.

Medio ciegos de sudor
sus ojos mienten dos rayas;
lleva en la abierta camisa
todo el viento de la marcha;
su pecho con sol, parece
resabio de una coraza,
y su melena flamea
como un airón de moharra.

Clarines que se extinguieron
lo están llevando a la carga;

el riendaje, bordonea
la cifra de su gauchada,
trasmitiendo vibraciones
de una voluntá baguala
que estalla en los poderosos
cuartos de la caballada;
baja en espuma'e coraje
de las duras jetas bravas
y hace juego en los ollares
pa'dir quemando distancias...

Sube el sol; la diligencia
tiende una sombra alargada
qeu galopa por la güeya
como una potranca zaina;
parvas de luz mañanera
vienen trillando las llantas.

Y el sol comienza a bajar
como humillao por l'hazaña;
las mesmas leguas, se arrollan
sintiendo l'atropellada.

La tarde se mama'e vino
sobre mesetas lejanas,
y el montonero Gutiérrez
sigue forzando la marcha!...
Sólo ha parao en las postas
el relumbrón de una daga;
sólo se apoyó en el viento;
sólo se durmió en la tralla.

...La noche, enciende un lucero
pa'mirar por donde avanza;
Santa Victoria está cerca.
Cae la sombra, y la perrada
rompe un fuego de ladridos
junto a las primeras casas...

Sienta el tiro en los garrones
como a bichocos de rastra,
y quebrándose el sombrero
da contra el suelo las patas.

Inicia rumbo al corral
un diálogo de rodajas....
Saca un potro zaino negro;
lo enfrena, lo cincha, salta,
y un asombro de candiles
parpadiando en las ventanas
lo ve perderse a lo lejos
como un trueno que se apaga.

... Toda la noche, los grillos
le abrieron sendas calladas...

Su redomón zaino negro
se entreveró con las ánimas
y entre un chistar de corujas
basuriaba luces malas.

No importa! Sabrá cumplir:
prometió en la escuela gaucha,
cumplir; cuando de cachorro
cantaba el himno'e la patria,
y él quiere alzar bien la frente
pa'mirar su azul y blanca,

Miguel Gutiérrez cumplió;
con el sol a media espalda,
Rocha, la de su fogón,
le alzó un saludo de palmas

y los chajases altísimos
lo recibieron con dianas.
Cumplió como los varones
que tienen sangre en la cara.

Votó y arrancó al galope,
como quien dentra en batalla;
y al clariar el otro día,
por el rumbo de la fama,
Gutiérrez sobre el pescante
como un yiribá se alzaba.

Son ciento cuarenta leguas
que no se pitan en chala;
que hay que tener duro el cuero;
corajudo y güena'l alma,
y hay que andar con un ideal
en ristre, como una lanza.