lunes, 14 de marzo de 2016

Leyenda de Sebastián Romero


                                                     I

Se amaban de nochecita,
como la estrella y el grillo,
con un agreste  y sencillo
cariño de vidalita.

Ella ablandaba el desvelo
hasta el temblor del rocío,
y él galopaba hacia el frío
desde el alba de un pañuelo...

Dicen que lo había querido
por mentas, desde gurisa;
que le llegó malherido
con poca sangre y sin prisa.

Que ella escondió el parejero;
que ella engañó la partida,
y que le atajó la vida
en los ojales del cuero.

Que con amor milagrero
le untó los tajos felices
y el amor echó raíces
en la sangre del matrero;
y que él le juró altanero:
"Por este puñao de cruces;
vivo o muerto, entre dos luces
volveré; como el lucero!".

                                              II

Venía de nochecita,
desde el alerta de un tero;
la señal, la hacía el lucero
prendiendo una lucecita.

Una vena que palpita
con amor, era el sendero
trayendo un trote chasquero
al corazón de una cita.

Y era su voz apagada;
y el brillo de una testera,
y un zaino negro, que fuera
sombra de noche asombrada.

Ella lo estaba esperando
con besos y con querellas:
"Por vos, vivo agonizando
sobre un rosario d'estrellas!..."

                                             III

Una tarde que venía
lo esperaban al acecho;
cerró la noche en su pecho,
plomo de la policía.

Al poco rato, los cerros
se llenaron de caranchos
y se erizaban los ranchos
al aullido de los perros.

Crepúsculos de mujidos
alzó la hacienda en la brisa,
y el silencio, echó ceniza
sobre un silencio caído...

                                       IV

La muchacha, desdibuja
su silueta en la tranquera.
Clava una angustia en su espera
el chistar de una coruja.

Ruedan negros nubarrones;
el viento se echa en las pajas,
y cruza un cortamortajas
tijereteando crespones.

"Cruz diablo!... bicho agorero!"
Le brota un Avemaría
del fondo de la agüería,
y tiembla por el matrero.

"Amalhaya su altanero
juramento se haga cierto!
Que regrese, vivo o muerto,
cabrestiándole al lucero!!"

Y oye el alerta del tero;
y el corazón se le agita
porque, camino a la cita,
redobla un trote chasquero...

Es él ¡Sebastián Romero!
Brilla en plata brasilera
su chapeao, cual si viniera
goteando estrellas de enero;

raya el zaino parejero
y hace llorar las espuelas,
renacido en las vihuelas
de mi pago ganadero.