viernes, 20 de febrero de 2015

Mis trebejos





Como soy una persona
que ya el espinazo dueblo,
me vine a vivir al pueblo
cabrestiando a mi patrona.
Mi casita pobretona
al frente tiene unas rosas.
No tengo prendas lujosas
porque no las necesito,
pero tengo un galponcito
en donde guardo mis cosas.

Ahí está la catalina
que tuve pa'las carniadas
y dos lonjas enrolladas,
una gruesa y otra fina.
Mi rasqueta, mi escofina,
mi martillo, mi mordaza,
mi cuchillo verijero
y un látigo de carrero
con su azotera machaza.

He conservao la tijera
de cuando supe esquilar
y mi piedra de afilar
junto con mi muñequera;
mis dos botas de madera
y mi saco de arador;
ahí está el deschalador
con la cincha y la maleta
y, como esperando inquieta
mi pala de alambrador.

Bien guardao entre una lata
tengo un té medicinal
y un rollo de unto sin sal
pa'curarme alguna mata.
Mi banquito de una pata,
porque también juí tambero
y me ha quedao un sombrero
lleno de tarjas el ala,
que yo llevé haciando gala
en mis tiempos de bolsero.

He conservao un dedal
que jué la punta de un aspa,
con el que se abre y se raspa
la sarna de un animal.
Mi california especial
con muescas de atar varillas
y allí entre alesnas y hebillas
me queda un desvasador
y mi áuja de cosedor
de cuando anduve en las trillas.

En los montes trabajé
dando cien plantas por tierra
y áhi tengo el hacha y la sierra
que engrasadas conservé.
También las cuñas alcé
cuando dejé la campaña.
Pa'desvirar me di maña
y ahí quedó una fiyinga
y, aunque es herramienta gringa,
también tengo una guadaña.

Les pido por compasión
que aunque sea un sacabocao,
en mi fosa de finao
lo pongan con mi cajón.
Y como siempre juí pión,
pa'poderlo demostrar,
mis manos le viá a enseñar
al Eterno sin recelo
por si en las chacras del cielo
me llegan a precisar.